7 de octubre de 2010

Noli me tangere

Hoy no he empezado con buen pie, pero no estoy para explicaros cómo me he levantado o porqué lo he hecho a una hora intempestiva, sino que voy a explicaros un altercado que he tenido en el metro. He salido de casa pronto, quería ir al banco y como no era fundamental que lo hiciera en mi oficina me he ido al trabajo en metro, para acercarme a una oficina de dicha entidad bancaria que queda a escasos metros del portal de la oficina.
He hecho mal, tiendo a pensar, a obligarme a pensar que lo que sucede lo hace para bien. Esta es una pequeña batalla mental y de resistencia que mantengo conmigo misma: pensar que todo es para bien no implica que piense que todo va a salir bien, poner mis pobres esperanzas en un meta, en un finito que no llega nunca resulta al final agotador tanto mentalmente como emocionalmente (para mi no son lo mismo, puntualizo) y claro está, también físicamente. En cambio, es menos desconsolador pensar que todo lo que nos sucede y hacemos que suceda "es para bien", para que se vaya completando un todo que no sabemos si es o no es finito y cercano, para ir montando un castillo que no se desmorona cuando la Señora Esperanza decide abandonar el barco...
Me viene a la cabeza una cita del Marqués de Sade (actualmente estoy leyendo la Marquesa de Gange) donde dice: La esperanza es hija del diablo, nos sostiene mientras le es posible, y cuando la verdad termina mostrándole la nulidad de este deseo, la esperanza huye, dejándonos a solas con la adversidad.
Por tanto... mejor no esperanzarse por nada, por nadie.


Así, prosigo con mi pequeño altercado de hoy. Decía que no parecía un buen día por tal y como ha empezado y al entrar al metro ha quedado comprobado que NO, definitivamente hoy no es mí día. En el andén se me ha acercado un hombre que tengo bastante visto y que en algún momento me ha preguntado la hora o alguna calle, este hombre que no debe ser mucho mayor que yo o incluso menor (nunca se sabe) es sordo de nacimiento y es por eso que es medio mudo. En principio, todas las veces que se me ha dirigido le he contestado por la puñetera educación... excepto la última vez, puesto que empezó a continuar con su intento de conversación conmigo.

Hoy al verlo he seguido leyendo se me ha acercado y me ha saludado, se ha colocado a mi lado y ha intentado conversar, pero de obviamente no he entendido nada de lo que decía y puede que debido a mi paranoia he entendido cosas que no querría haber oído. Le he dicho que no me hablara más si me veía por la calle, que no existo, que no se me acerque. Él me ha tocado la cabeza y casi salgo corriendo, y no sé ya si le he dicho o no "No me toques" en ese momento ha venido el comboy del metro y nos hemos subido, me he ido al fondo y al cabo de tres paradas volvía a tenerlo al lado. Me ha vuelto a preguntar la hora, le he mirado le he dicho que no tenía hora y que me dejara en paz (el tono esta vez ha sido ya en plan gruñido).

En el trasbordo no he mirado ni una sola vez hacia atrás, no he querido, no me da la gana de ir mirando tras de mí por si el sordomudo (y disculpadme pero con cara de tener algún tipo de transtorno mental o retraso) me seguía o no. En el andén de la otra línea no he podido evitar sentarme al lado de un señor mayor.

He salido a la calle, en la parada que me deja a 10 min de la oficina y he entrado a la oficina bancaria. Pero ni aún así, ni tan siquiera esperando el ratito que he tenido que esperar hasta que me han atendido la taquicardía se me ha pasado. Al llegar a la oficina, el aluvión de trabajo y de problemas derivados de la incorporación de dos administrativas más me han borrado la "descomposición" de la cara... supongo.

¿Miedo? No del todo, he sentido un respingo al pensar que podría cogerme por detrás pero ha sido un minuto o dos, principalmente siento una rabia que no os puedo ni describir. Mientras caminaba el pasillo del trasbordo me han dado ganas de volverme de ir a por él, de gritarle y de empujarle a las vías. Me ha tocado la cabeza, me ha acariciado el pelo y sé, entiendo que ha sido un segundo pero quisiera raparme el pelo.

No es la primera vez que me pasa, a lo largo de los años he tenido otros encuentros, siempre en el metro y de día, curiosamente no me ha pasado nunca de noche, nunca en las paradas más alejadas de mi casa. Eso me da terror, eso sí... este tío vive en mi barrio, ahora mismo me mudaba de ciudad incluso, mañana ya no *ríe* Pero sigo teniendo ganas de partirle la cara, de demostrar empíricamente que un puñetazo con anillo gruesos provoca mucho más daño y que me denuncie por agresión... NOLI ME TANGERE.

Me da igual que sea sordomudo y con retraso, me da igual, hace un tiempo ya tuve un altercado con un chico enorme con creo que era esquizofrenia, un chico que se fijó en mi hace 2 años. Me corté el pelo para que no me reconociera, casualidad o no, tal vez dejé de gustarle, y tal vez no me reconoció sin mi pelo largo negro y liso. Ahora ¿Voy a tener que hacer lo mismo? ¿Es necesario? ¿Tengo que ir escondiéndome por ello? ¿De verdad? ¿Dónde narices tengo el chip que me lo arranco a mordiscos?...

Realmente... ¿Voy a tener que pensar que es porque hay algo en mí que atrae a este "tipo de personas" e ir con ello contra-natura con todo lo que pienso y creo?

Ya veremos que sucederá la próxima vez que nos topemos...

2 comentarios:

Verónica dijo...

No atraes a la gente asi, sino que que gente como esa ataca a cualquiera. Yo ya he tenido varios problemas hace dos semanas la ultima con suerte con un codazo conseguí que se fuera (acabare haciendo lucha libre a este paso xD). Pero tambien he visto cosas iendo en metro. Asi que no hay que pensar en ello mucho que sino no saldriamos a la calle.

Liya dijo...

Qué asco de hombres.
A mí hasta se me han llegado a sacar el pajarito delante y no sé por qué pero yo el tipo de hombres con los que suelo tener "encuentros" así son viejos viejos.
Uno hasta me ofreció toda su herencia a cambio de **** porque no tenía a nadie.
En fin, y las que quedan por suceder.

P.D. Cony, des de que has canviat el domini que no se m'actualitza el teu blog al llistat.

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