16 de octubre de 2013

El tesoro de Tutankhamon y el misterioso cometa dentro del corazón de un escarbajo

Me pregunto si alguna vez os ha sucedido lo siguiente: cuando justo al termino de la lectura de un libro os habéis visto obligados a volver al inicio del mismo, y releer, porque allí se encuentra una clave fundamental o una pista correcta.

Como siempre en estos lares lo que prima es la propia experiencia personal, es esta la que me lleva a plantearos esta pregunta. Soy consciente que como método científico deja bastante que desear, ya que debería preguntarme por aquello que va mucho más allá de mi percepción y entendimiento de esta realidad ontológica. Pero es que recientemente me estoy reencontrando con mi lado más descartesiano y me supone ya de por sí un esfuerzo plantearme "qué va más allá de mi percepción" cuando ésta ya de por sí solita tiene horizontes distantes.

Resulta que todavía no he terminado de leer el penúltimo capítulo de Herreros y Alquimistas de Mircea Eliade que me topo hace unos días con la siguiente noticia sobre el Tesoro de Tutankhamon: 

Concretamente la noticia -como habéis podido leer- gira entorno a un único broche, de abigarrado diseño, cuya pieza central presenta al divino escarabajo alado tallado en una llamativa piedra amarilla. La mayor cualidad de esta joya, ahora sabemos que reside precisamente en la "piedra" amarilla que según los estudios de un equipo de investigadores de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo, Sudáfrica) se identificó como un cristal formado tras el estallido de un cometa en los cielos de Egipto hace aproximadamente 28 millones de años, añado yo el "aproximadamente" porque en otras fuentes no aseguran este dato al 100% .

Según las conclusiones del estudio llevado a cabo sobre esta pieza en concreto, la piedra es como os decía en realidad un cristal de silicio amarillo, formado en las arenas del desierto y a partir de ellas cuando las temperaturas llegaron hasta los 2000 ºC tras la entrada en la atmósfera terrestre de un cometa. Este cometa posteriormente -se viene a demostrar con el estudio hecho público- impactó contra la superficie del desierto. Aventuran los mismos analistas e investigadores que el impactó debió finiquitar toda vida presente en lo que antaño no fueron las arenas de Egipto. El proceso por el cual fue formado este cristal es algo parecido a, aunque se trata de un fenómeno raro de ver, cuando un rayo impacta contra terrenos arenoso formándose las Piedras de Rayo o fulguritas.

Me pregunto yo qué les llevó a estudiar tan minuciosamente el escarabajo amarillo. Sea como sea, añaden los expertos de la universidad que la explosión muy seguramente originó también una serie de diamantes microscópicos que fueron diseminados junto a los cristales de silicio por todo el radio de alcance del impacto. La conjetura que exponen los científicos de la Universidad de Witwatersrand es que los diversos elementos -terrestres y celestes- pudieron fusionarse y que de resultas de esta especie de carambola sideral tantos siglos después se puede investigar un poco más sobre el origen de nuestro sistema solar.

¿Y por qué digo yo esto? Porque no debemos olvidar que los cometas son cuerpos muy antiguos formados por hielo, por rocas y polvo cósmico que orbitan alrededor del una estrella (el Sol), esta argamasa espacial tiene tantos años como años tiene el espacio. Según el informe de la Universidad de Johannesburgo esta sería la primera vez que se encuentra un pedacito de cometa sobre la tierra, dado que con anterioridad se habían identificado partículas de polvo en la atmósfera y en los glaciares del Ártico, pero en teoría -y ahí radica la noticia- hasta el momento no se habían encontrado restos de cometas sobre la tierra. Es por este motivo que el hallazgo realizado dentro del escarabajo amarillo del broche de Tutankhamón alcanza tal relevancia, en la formación de este cristal se habrían fusionado las arenas del desierto y esquirlas del cometa (llamadlo esquirlas, llamadlo como queráis). De hecho, es bastante normal hallar restos de meteoritos, recordad qué sucedió el pasado mes de febrero en la zona de los Urales.

Piedras Rayo, fulguritas, ceraunias, cometas imposibles y meteoritos ardientes. En definitiva cuerpos celestes (aerolitos) cuerpos caídos y recogidos, copiados, reproducidos y venerados. Piedras y metales del Cielo, la huella de lo divino en el suelo y su rastro en los cielos pintado. Esta es la parte que me llevo a guardar la página, cerrar el libro Herreros y Alquimistas y volver a abrirlo por el inicio de su primer capítulo. Escribe Mircea Eliade tras un académico prólogo:

Los meteoritos no podía dejar de impresionar; venidos de "lo alto", del cielo, participaban de la sacralidad celeste. En determinado momento y en ciertas culturas, incluso es probable que se imaginase el cielo de piedra .
(...)

Hagamos hincapié en esta primera valorización religiosa de los aerolitos: caen sobre la tierra cargados de sacralidad celeste; por consiguiente, representan al cielo. De ahí procede muy problamente el culto profesado a los meteoritos o incluso su identificación con una divinidad: se ve en ellos la "forma primera", la manifestación inmediata de la divinidad.
Todas, absolutamente todas las culturas veneraron en sus principios el fuego venido del cielo; los dioses eran fuego; el chamán hable en la lengua que hable dice sentir en su interior como el calor del cielo entra en él/ella; el espíritu santo del cristianismo no es más que una lengua de fuego llameante sobre las cabezas. Zeus y Thor son los dioses armados con el rayo.

No resulta nada difícil entrever los cultos de veneración y sus emplazamientos. Un meteorito era venerado en Pesinonte (Frigia) como imagen de la diosa Cibeles, como marca de la petra genitrix (la piedra madre); recientemente, a principios de año si mal no recuerdo, salió a la luz una estatuilla del dios budista Vaisravana tallada en un pedazo del meteorito Chinga, caído entre Mongolia y Siberia alrededor de hace 15.000 años, la talla que en su día fue adquirida por las expediciones del régimen nazi en Nepal fue analizada debido a sus altísimos índices férricos. Otro ejemplo, y tal vez el de mayor envergadura debido a su resonancia y puesta en escena se encuentra en la ciudad de La Meca, donde se produce de forma anual una de las peregrinaciones contemporáneas más numerosa. Según dicta uno de los cinco pilares de la religión islámica todo musulmán ha de peregrinar una vez en su vida al lugar más sacro para el Islam: la Kaaba (la Casa de Dios), el único lugar en la tierra donde se reunen lo divino y lo terrenal, convergiendo. Dice la tradición que el arcángel Gabriel ofreció a Abraham una Piedra Negra (porción de un meteorito) para que fuera utilizada como parte de la construcción de la Casa de Dios.

En el cristianismo la Estrella de Belén tiene casi un papel anecdótico, estructuradamente anecdótico por decirlo de algún modo sin caer de lleno en el "sospechismo". Se dice que los Tres Magos (reyes o no) observaron un cuerpo celeste con estela, lo que bien podría ser un cometa pasando cerca de nuestra órbita o bien podría ser un meteorito entrando en nuestra atmósfera. Tomándolo como un signo de cambio y señal de lo divino decidieron seguirlo. Debido al lapso de tiempo que se narra en las Escrituras entendemos que el fenómeno se prolongó en el tiempo, lo suficiente como para que los tres individuos lo siguieran partiendo de distintos enclaves e hicieran confluir sus viajes en una única ruta hacia la ciudad de Belén. Conocemos el fenómeno y casi aseguraríamos que la Estrella de Belén se trata de un cometa pasando cerca de la órbita terrestre. Ya sabemos que en la exégesis del cristianismo normativo se pulimentó una serie de pequeños y grandes elementos que entroncaban la nueva creencia, postulándose como renovación, con tradiciones y credos mucho más antiguos y aposentados. De un plumazo la señal en el cielo, la manifestación de lo divino que decía Eliade se convirtió durante siglos en una fábula, después en un elemento edulcorado y mucho más tarde en ornamento para plazas de pueblo.

Volvamos a los egipcios y a sus escarabajos. El químico holandés Robert James Forbes en su estudio Metallurgy in Antiquity (1950) defiende que hasta la XVIII Dinastía y el período del Nuevo Imperio el pueblo egipcio no estaba ni acostumbrado ni interesado en los yacimientos de cobre o hierro, tanto es así que las piezas que se han ido encontrando en yacimientos diversos (la Gran Pirámide incluida) se deberían más al comercio y botines de guerra que a un proceso de manufactura propia. La tesis de Forbes es clara en este aspecto: los egipcios únicamente estuvieron interesados en el hierro meteórico y en los metales que el cielo proveía. En sus análisis añade que una buena prueba de ello es el uso el reiterado uso del término biz-n.pt "metal del cielo" para referirse a la características de determinados enseres metálicos.

Tutankhamón está considerado el último faraón de la XVIII Dinastía, viviendo entre el 1.335 hasta el 1.327 aC, fechas que concuerdan con las dadas por Forbes en su estudio, pero como ya sabemos (y yo no soy muy docta en este aspecto) hablar de fechas o períodos en el Egipto dinástico resulta siempre complejo debido a las lagunas historiográficas que encontramos en las cronologías. Aún y así, no considero desafortunado creer que el cristal de silicio y arenisca que una vez se hace 28 millones de años  formó tras la entrada de un cometa en nuestra atmósfera, pasara desapercibido a un pueblo como el egipcio.

Es más, creo que de algún modo el cristal de silicio, en cuyo interior habría restos de material del cometa, fue elegido a consciencia por los sacerdotes, porque tendemos a olvidar que en el conocimiento humano hay mucho más por saber que por obviar, somos o fuimos más sabios de lo que creemos. Con el cristal se talló el cuerpo del escarabajo central del broche del faraón, por carambolas del destino, el último faraón de la XVIII Dinastía según tenemos entendido, cuadrando con las fechas que dio Forbes en su estudio, fechas que marcan un antes y un después en la cultura metalúrgica de Egipto.

El hecho, el simple hecho que en el corazón de ese escarabajo se pueden hallar restos del material primigenio de nuestro sistema solar sencillamente me estremece, pero me emociona mucho más saber que los oficiantes de la religión egipcia supieron ver lo celestial confinado en un pedazo de arena cristalizada, que supieron ver y comprender cómo el universo (con dioses o no de por medio, os lo dejo a vuestro criterio) entablaba un amistoso diálogo con ellos. Nada es casual, alguien hace miles de años miró dentro del corazón del escarabajo y en su interior encontró un pedazo, una esquirla, una mota del Cielo. Hoy, miles y miles de años después el broche que iba a pender del cuello del faraón en el más allá nos ofrece la posibilidad de estudiar el origen de nuestro sistema.

Nada es casual y a veces prácticamente todo es poesía.



26 de agosto de 2013

Cita del lunes (XXX): Isaiah Berlin y el lastre de la filosofía

 
 La filosofía no es un campo en el que se pueda adquirir conocimientos. Un físico, un químico, no necesitan leer los tratados de Arquímedes, de Lavoiser. Hemos progresado más allá de ellos. Un filósofo, en cambio, necesita saber lo que dijeron Platón, Aristóteles; no hemos avanzado más allá, no es un proceso acumulativo. Veamos, cada época tiene sus problemas, sus preocupaciones, que ocupan las mentes y que proceden de las circunstancias de la época; los filósofos tratan de buscar soluciones a estas cuestiones.

Isaiah Berlin.(1909-1997)
Extracto de la entrevista realizada en el diario El País el 9 de mayo de 1992, a cargo del periodista Juan Cruz.

Al preguntarle, hacia el final de la entrevista, por el vuelco que dio su carrera profesional a partir de la década de los cincuenta, Berlin alegó la necesidad de ampliar su perspectiva del conocimiento y "saber más que al principio". 

Berlin presenta la idea que un estudio de la historia de las ideas trataría de discernir las preguntas y las respuestas de cada tiempo, de cada coyuntura y trabajaría (fluiría) de forma comprometida con su estado deontológico y liberado del peso de la filosofía; de igual forma sucede entre la Historia de las Religiones y la Teología.

Leer la afirmación de Berlin supuso no hace mucho una especie de liberación, levar anclas y soltar el aire que retenía en los pulmones desde que terminé la carrera. Salí de la facultad sabiendo mucho más, pero años después persistía la idea, la sensación más que la certeza, que todo el uso de ese conocimiento debía extenderse en un ejercicio complejo que tejedores; una larga y extenuante práctica de genealogía que se resume siempre en saber qué dijo el pensador/filósofo inmediatamente anterior a este. Algunos somos mejores tejedores que otros y algunos no sabemos ni hilvanar, por tanto tirando del hilo siempre, siempre se llega a un tope, al nudo herculáneo o al principio (las madejas de lana a veces rompen su continuidad) y ese tope o nudo es siempre el mismo. Es por eso, que resulta imprescindible ahora, en la segunda mitad del 2013, saber qué dijeron Platón o Aristóteles. 

En las palabras de Berlin se contiene un fantasma de reproche que no sabe hacia quien dirigirse. ¿El culpa de Descartes? ¿de los filósofos de la Ilustración? ¿Es culpa de los genios del siglo XIX?. De quién es culpa que siempre tengamos que recurrir a las mismas ideas, como si los griegos fueran una invocación divina que sirva para purificar nuestras argumentaciones y bendigan nuestras disquisiciones y elucubraciones. ¿Así que un lastre para el conocimiento?. De ser así, alguien con menos diligencia y paciencia podría haber claudicado a una premisa tal como que el pensamiento y la filosofía murieron de éxito en la Academia.

Estoy hecha un lío en mitad de la madeja, porque me encuentro ante la necesidad de saber porqué el Sr. Berlin pensaba así. He de mirar hacia atrás, convirtiendo el pasado en una especie de futuro por descubrir ante mí, dado que leer a Berlin me obliga a leer a Stuart Mill y a De Maistre, quien me empuja a preguntarme por Burke y por Prize y, sin comerlo ni beberlo, me encuentro en la segunda mitad del siglo XVIII, paro porque si prosigo volveré a pisar la Academia. 

Supongo que la carga es mucho más liviana de llevar y de desprender si quien organiza el pensamiento no cree el determinismo histórico, como era el caso de Berlin. 

¡Ah Sr. Berlin! es que no es tan sencillo Sr. Berlin, no lo es, pero le agradezco que dijera en voz alta aquello que me ha carcomido durante años, le doy la razón o usted me la da a mí. Supongamos que no vamos a saber jamás cómo deslibrarnos del peso de la filosofía, supongamos que tendremos que alimentar con devoción a esa hermana pequeña que es la historia de las ideas y preguntarnos hasta cuando y porqué es tan difícil distinguirla.

 

19 de agosto de 2013

Cita del lunes (XXIX): El Perezoso


 "El perezoso halla poco placer en todo aquello bueno que hace y en lo cual otros hallan placer. Y como va en detrimento propio, no halla placer en que éste no sea aun mayor. Y esta es la razón por la cual un tal hombre halla desagradable y trabajoso tanto el bien como el mal."

 Ramon Llull. Libro del Orden de Caballería (1275-1281)
Parte sexta: En que se trata de las costumbres propias de los caballeros

A menudo he de recordar esta cita para no abandonarme, para no dejar de moverme.
Lo sé, una actualización demasiado escueta teniendo en cuenta todo el tiempo que llevo sin actualizar,  pero es que me da un poco de pereza... oh, mierda. Vuelta a empezar. "el perezoso halla poco placer en todo aquello que hace y en lo cual otros hallan placer... y blablablablá".


24 de junio de 2013

Cita del lunes XXVIII: O Icarus of the fearless flight

Icarus. Gabriel Picart




Never regret the fall 
O Icarus of the fearless flight
fot the greatest tragedy of them all
is never to feel the burning light

Oscar Wilde






¿Acaso no os sorprende la poca cantidad de poemas dedicados a Ícaro?.
Amanezco, tras la noche más corta el año, agradecida que el sol haya completado su parábola creciente y que la luna sobrepase en el horizonte su tamaño, y discurra con soltura, deslumbrándome, porque ya no hay noches tapadas.
Cae el sol y junto a él, emprendemos la caída.

Pero antes, imaginad a Icaro subido en el borde de una de las paredes del laberinto. Imaginadlo equilibrnado peso y el peso de sus alas en el margen estrecho (o no tan estrecho) del muro. Imaginadlo mirando hacia abajo. ¿Qué vería? ¿Cascotes desprendidos de los recios muros del laberinto que su padre levantó? ¿Vio los árboles en los bosques como un manto verde de estacas en las que ensartarse? ¿Vio el mar? Tal vez le fuera fácil ver el mar, al fin y al cabo, Creta es una isla. El Sol no es la metáfora, lo es la isla, Creta es la metáfora de todo de cuanto hay que desear huir. El mar, el horizonte y lo profundo tangible, aquello que ha de llegar y cuando llega nos engulle. Dime que ves a la muerte en el mar.




29 de abril de 2013

Cita del lunes XXVII: esperando a los bárbaros (Konstantinos Kavafis)


¿Qué esperamos agrupados en el foro?
Hoy llegan los bárbaros.
¿Por qué inactivo está el Senado
e inmóviles los senadores no legislan?
Porque hoy llegan los bárbaros.
¿Qué leyes votarán los senadores?
Cuando los bárbaros lleguen darán la ley.

¿Por qué nuestro emperador dejo su lecho al alba,
y en la puerta mayor espera ahora sentado 
en su alto trono, coronado y solemne?.

Porque hoy llegan los bárbaros.
Nuestro emperador aguarda para recibir 
a su jefe. Al que hará entrega 
de un largo pergamino. En él 
escritas hay muchas dignidades y títulos.

¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores visten
sus rojas togas, de finos brocados;
y lucen brazaletes de amatistas,
y refulgentes anillos de esmeraldas espléndidas?.
¿Por qué ostentan bastones maravillosamente cincelados
en oro y plata, signos de su poder?.

Porque hoy llegan los bárbaros; 
y todas esas cosas deslumbran a los bárbaros.

¿Por qué no acuden como siempre nuestros ilustres oradores
a brindarnos el chorro feliz de su elocuencia?.
Porque hoy llegan los bárbaros
que odian la retórica y los lagos discursos.

¿Por qué de pronto esa inquietud
y movimiento? (Cuánta gravedad en los rostros.)
¿Por qué vacía la multitud calles y plazas,
y sombría regresa a sus moradas?.

 Porqué la noche cae y no llegan los bárbaros.
Y gente venida desde la frontera
afirma que ya no hay bárbaros.

¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?
Quizá ellos fueran una solución después de todo.

Konstantinos Pétrou Kavafis.
 Esperando a los bárbaros. (1904)

Ulpiano Checa, La Invasión de los Bárbaros
Hoy sin duda es el día más adecuado para leer este poema, por varias razones. Hoy se cumplen 80 años del fallecimiento del poeta, pero también se cumplen los 150 de su nacimiento. Afortunado Kavafis que viniste al día en un lánguido 29 de abril de 1863 y que, setenta años después, en otro 29 de abril de 1933 te marchaste. Y tu vida transcurrió por el Adriático, por las riberas norte y sur del Mediterráneo, donde todo guarda tantas similitudes que los de un lado y otro prefieren desentenderse, negar la evidencia, y decir que en sus casas no da tanto el sol. Si hubo una patria, esta siempre fue Ítaca y su capital solo podía ser Alejandría.

Y, en sus poemas, navegan por cientos de pequeñas embarcaciones de velas extendidas y triangulares, porteando su cargamento de analogías, de recuerdos y memorandos, elegías y salves desde Estambul hasta Algeciras y viceversa, como se cantaba en aquella otra canción. Y desde los puertos los estibadores cargan sus poemas, el mercader los anuncia y yo, como tú, los leo, es la transacción más antigua de este Mar. 

Kavafis escribía a ese pasado remoto que día tras día se repite en nuestras encimeras, sobre los alféizares, al menos en esta riba del Mediterráneo. Hoy llegan los bárbaros, llegan a inspeccionar nuestras política; mirarán con lupa los esfuerzos y los abusos de una ley laboral fallida, revisarán los incentivos y las prestaciones para la creación de puestos de trabajo, preguntarán por los planes de ayuda para jóvenes emprendedores y se preguntarán: ¿Quién emprende en este país? ¿quién da trabajo? ¿Qué ha sido del trabajo?. Y Mariano Rajoy, que se levantó de su lecho antes del alba como lo hizo el emperador en el siglo IV, les espera en la puerta mayor, vestido para la ocasión; ensaya su discurso y no atiende a quien le recuerda que ni la retórica, ni los eufemismos sirven con el pueblo bárbaro. Mientras tanto, la plebe se agolpa en la plaza del foro y se pregunta: ¿Vienen los bárbaros?... quizá ellos fueran una solución después de todo.

5 de abril de 2013

El Beso de Klimt... oro sobre mugre

Der Kuss. Gustav Klimt 1907-1908
Siempre he pensado que hay algo frío y profundamente desagradable dentro de este cuadro. Rezuma tanto que el dorado ya no me es tan luminoso y las florecillas se me pudren. Y que yo pensara así de cualquier otro cuadro carecería de importancia, porque el arte es libre y libres son sus interpretaciones, aunque no hace falta más que dar un paseo por cualquier museo, galería de arte o librería especializada para comprobar que eso de que "el arte es libre y libres son sus interpretaciones" debe ser algo tan novedoso y tan radicalmente alternativo que no está presente en los escenarios públicos y son pocas las veces que se falsea la interpretación estándar. El arte cobra impuestos de todo tipo y no acepta interpretaciones, mal nos pese.

Al tiempo que intuía que había algo oscuro tras la pátina de dorado, me daba cuenta que Der Kuss (El beso) de Klimt era una de esas -pocas- obras que parecían no aceptar libres interpretaciones y gustaban de cobrarse sus réditos. No es para menos, porque El Beso es el paradigma pictórico de lo que hemos aceptado como amor romántico y a nadie le interesa qué llevó a Klimt a pintarlo, a repintarlo o porqué está inacabado, sencillamente El Beso ya no le pertenece a su autor en absoluto. Todo lo contrario, nos dicen que nos pertenece a todos, porque por encima de todo se ha convertido un icono del amor. ¡Tomadlo! Y su reproducción (abusiva) en y sobre cualquier tipo de soporte sea papel o cerámica, en vajillas, camisetas, posters de todos los tamaños, tatuajes, libros, material decorativo de toda índole y etcétera la han convertido en una de las imágenes más vendidas de la historia contemporánea. 

No voy a centrarme en lo mucho que me apena que Klimt, autor de muchísimas más obras de mayor calidad y significado que El Beso, sólo sea reconocido por esta. No es esta una entrada para explicar por qué razón es mucho mejor El Árbol de la Vida o Dánae.

Sentir aquella punzada de aversión cada vez que contemplaba la pintura me llevaba a preguntarme, a reprenderme incluso, sobre el porqué yo no era capaz de ver exclusivamente al "amor" plasmado en cada pincelada y destello de color; porqué esa pintura me hacía sentir incómoda, violenta incluso. Es fácil ver lo malo, y el Mal en todo aquello que desagrada a los sentidos; de igual forma, resulta mucho más fácil de identificar que en aquello otro que complace a los sentidos es donde encontraremos el Bien. Tremenda divergencia sobre la que se ha debatido durante siglos y que, girada del derecho y del revés, siempre es la misma: Feo igual a Malo // Bonito igual a Bueno. Lo que ha ido cambiando a lo largo de los siglos, es qué se ha etiquetado como horrendo y qué como bello. 

Es decir, que esta repulsa se me hace más complicada de exponer al tratarse de una imagen arquetípica que representa la sensibilización del Amor (=Bien); al tratarse de una imagen únicamente clasificable como bella, porque lo es en su trato colorista, rica en detalles, profusión vibrante y floral. Sin duda, es una imagen que nos reconecta el nervio óptico con los iconos ortodoxos, y que lo hace en su uso del dorado, en su composición antinatural y de gestos irreales. Y todos sabemos que los iconos ortodoxos son pintados por inspiración del espíritu santo, pinturas sagradas, mucho más sagradas que cualquier otra dentro del cristianismo.

Es decir: la imagen es bella porque es romántica y no hay nada más bueno y bello que el Amor. Pero también lo es porque se construye con instrumentos prácticamente religiosos. Der Kuss es la pintura del Amor terrenal y del Amor espiritual. Parece sencillo entonces sucumbir a la evidencia que yo misma expongo, pero aún y así, mis sentidos siguen repeliendo la imagen y mi instinto me susurra: no es oro lo que reluce.

Los ojos de ella
¿Cómo vas a pensar mal del icono del amor romántico? ¿Pero no ves qué bonito es? ¿No será que lo miras con malos ojos?. Y yo lo único que me preguntaba y me pregunto todavía es en función de qué argumento voy a desoír lo que mi cuerpo me dice o cómo me atrevo siquiera a hacerlo. Lo que siento es irracional, pero lo cierto es que El Beso me repugna y repugna a las cientos de Yo que tratan de verlo con "esos otros ojos" que no son los malos ojos. Me obligo a encontrar una manera de ver el cuadro tal y como el mismo cuadro llama a ser visto: con los ojos del amor, con los ojos del corazón (del interior). Aquellos ojos que nada tienen que ver con nuestros ojos anatómicos; con esos otros ojos que surgen de dentro una vez nos enamoramos, entonces creemos que esos ojos, que hasta el momento permanecían cerrados, nos ayudarán a ver el mundo tal cual es y no como lo hemos visto, o como muy a dentro de nosotros mismos reconsideramos que ha de ser.... He de buscar cientos de artimañas para acercarme a este cuadro, pero nunca, jamás de los jamases he de mirarlo con mis propios ojos, porque son "malos ojos" ¿descreídos? porque estos o bien están velados o no aman, o son incapaces de ver... será que el motivo es que son sencillamente mis ojos.

Desisto y creo que será por eso que la mujer de El Beso también prefiere tenerlos cerrados. Debe ser. Lo hace para no ver. ¿Qué es lo que no quiere ver? Puede que no sea "lo que no quiere ver", sino que aunque mire, no podrá aceptar qué es lo que sucede.

Sin más rodeos: El Beso es la instantánea de un Beso Forzado, de un beso no querido, tampoco pedido.

Detalle de las manos
Al final de un supuesto acantilado cubierto de flores un hombre abraza a una mujer, pero no la rodea con sus brazos, sino que la bloquea con su cuerpo y ambas manos sujetan la cabeza de ella, ni siquiera mecen su rostro. Sus manos abarcan un ángulo estrecho, son como un cepo: una mano en la sensible sien y otra pinzando la mandíbula por debajo, presionando la lengua. Tratad de componer este juego de manos sobre cualquier persona, pedidle a su vez que os lo hagan a vosotros y comprenderéis que no hay absolutamente nada romántico en ello, ni siquiera mínimamente humano. 

No hay escapatoria, por tanto no es un gesto de cariño, es un gesto de posesión, pero no es pasional fruto de un rapto que compartan los dos, sino que es violento, uno forzándose sobre el otro, empequeñeciéndole hasta dejarlo reducido a nada o poco más que nada. Las manos de él son las manos de la amenaza que a todas luces buscan inmovilizar y provocar dolor, buscan la certeza que al más mínimo movimiento que se haga para zafarse de ellas, pueden cerrarse sobre la garganta y pueden romper el cuello. Es repugnante.

La mano de ella se acerca y parece que busque abrir esa pinza sobre su mandíbula. Su otra mano rodea el cuello de él, única excusa que tienen quienes quieren ver en esta pintura esa ilustración divina del Amor, pero los dedos de esa mano permanecen cerrados, crispados. ¿Quién acaricia de tal modo?. Ella no quiere tocarle, no quiere.

Der Kuss o El Beso es una pintura tremendamente victoriana aún y pretendiendo romper con su rigidez. Lo es por el tratamiento que se le da a la mujer, lánguida y vencida, con los ojos cerrados. La obsesión de la pintura por las mujeres dormidas... esa es otra veta.

Si bien no se trata de una mujer cualquiera, una mujer de entre todas las mujeres, no es una burguesa u obrera dispuestas, no se trata de una muchacha afortunada de buena familia, porque cualquiera de las tres podría posar y protagonizar un retrato de carácter romántico junto a un hombre sin rostro que las besa con un gesto a medio camino del beso de amor y del beso de aprobación del tutor/padre. Los cuadros de Klimt no son tan mundanos, ninguno de ellos, sino todo lo contrario y nada, absolutamente nada, es baladí. En El Beso tenemos a una "mujer" arrodillada y descalza

Detalle de los pies de la mujer
Descalzas van las ninfas y las hadas, descalzas las diosas cuando se muestran ante los hombres... también lo hacen las muertas. En las visiones, en las visiones proféticas quien camina descalzo está próximo a su muerte. Descalzas y sin magullarse los pies caminan las personas libres que no se sujetan ni si quiera a las inclemencias de la naturaleza, seres que caminan en otras dimensiones, realidades incomprensibles a las que siempre se aspira. Simbolismo. Pero ¿arrodilladas? únicamente lo hacen las mujeres sometidas, y pueden arrodillarse tanto la santa y la mística ante la presencia de la iluminación, como se arrodilla la víctima a los pies del violento y de la violencia misma que es ejercida.

¿Dónde está aquí el amor?.

Tras los pies de ella un abismo emborronado, repintado. No sabemos qué quería pintar Klimt, más bien: qué no quería pintar, así que lo dejó incompleto, auqnue puede que esa fuera su intención original... que tras los  pies de ella no hubiese nada, como si sus pies fueran la linde entre la vida y la muerte, entre dos naturalezas que se topan. ¿Qué leemos? Tras los pies de ella se abre el abismo. Pero yo sigo viendo esos pies y en ellos veo que crecen lianas, hebras de hiedra dorada y pienso que ella bien podría tratarse de Daphne y, sólo pensando en ello, le encuentro cierto sentido a la pintura, y es más: me reconcilio con una parte de ella. El Beso sigue sin gustarme, sigue produciéndome asco, pero ahora El Beso cobra un significado del que antes carecía.

Detalle de la mano de ella y cabeza de él coronada
 ¿Es él Apolo coronado y vestido de sol? ¿Es verdaderamente Apolo habiendo cazado a Daphne en un giro original del relato mítico de Ovidio?.

¿Es ella aquella Daphne? ¿Es ella  a los pies de un acantilado desnudo sin escapatoria? ¿Dónde queda el bosque? ¿Es Daphne siendo consciente que su transformación en árbol será demasiado lenta y que para ella no hay escapatoria?. 
¿Lo es?. Y si lo es...

¿Eso es lo que quiso exponernos Klimt? ¿Que la ninfa en este nuevo mundo, en esta nueva sensibilidad que él y otros exponían en sus pinturas, ya no obtiene la respuesta de Artemis a tiempo?. ¿Que lo divino abandona a lo femenino, y ha de subyugarse al deseo de lo masculino? No me importa sea cual sea, no hablo solamente del deseo sexual, nada en este cuadro es exclusivamente sexual. 

Sin embargo, no se me escapa que esta puede convertirse, si me explico mal, en el argumento de mi aversión hacia esta pintura. Pero, siendo cierto el temor que me producía entonces, hace ya tantos años, podía ser que en una pequeña parte de mi repulsión fuera fruto de mis propios miedos hacia la sexualidad, ahora sé que va mucho, mucho más allá. Esa pequeña parte ha mutado y no se trata de una negativa a entregarse al amor, sino que es la negativa a entregarse porque existe la petición de entrega.

Retomando el relato de Ovidio consideramos que las ninfas son libres de emparejarse con pastores humanos y sátiros, de convertirse en compañeras y amantes de cualquier dios, pues Apolo no tiene la exclusiva sobre ellas, nadie la tiene. Son libres. Por doquier, las ninfas paren hijos, aman y se regalan a quien ellas quieren. Pero Daphne, que no es diferente a sus compañeras, huye de Apolo, suplica a Artemis por su virginidad (incluso la propia Afrodita volvía a ser virgen si así lo quería) y lo hace porque no quiere acostarse con Apolo, ni convertirse en su compañera, no quiere por las razones que os dé la gana insertar aquí. Sin embargo, él la persigue, no como un juego, Apolo le da caza y justo cuando está a punto de abrazarla, la piel de Daphne comienza a endurecerse convirtiéndose en corteza, sus brazos se extienden y su cabellera se torna follaje, sus pies en raíces. Daphne es un árbol, Daphne ya no puede ser "amada" como se le exigía que fuera.

No se trata de mojigatería o de cierto rebrote de pudor neo-neo-clásico, se trata del ejercicio del deseo y de la libertad. En la mitología, la ninfa es libre por el simple hecho de existir, curioso es que el género humano haya tardado tanto en darse cuenta que con ellos sucedía lo mismo. Se es libre de nacimiento, se es libre por el simple hecho de ser y existir. 

Daphne elige no ser amada por quien ella no desea serlo. Klimt pinta a una mujer obligada a recibir un beso.

Y dicen que el beso que pintó Klimt cambió el mundo, como también lo cambió es este otro:

A nadie le importa que la enfermera haya explicado que no se conocían de nada, que él estaba borracho y que la sorprendió, agarrándola por el cuello.... A nadie...

Ambos son El Beso Forzado y paradigmáticamente AMBOS besos son iconos del AMOR. Vamos mal....

Paren el mundo, me quiero bajar.

11 de marzo de 2013

Cita del lunes XXVI: Espartaco (I)

- Ya que usted es un político- dijo Cicerón sonriendo- ¿por qué no me dice qué es un político?.
- Un farsante- respondió Graco secamente.
- Por lo menos usted es franco.
- Es mi única virtud y es extremadamente valiosa. En un político la gente la confunde con la honestidad. Como usted sabe, vivimos en una república. Y esto quiere decir que hay mucha gente que no tiene nada y un puñado que tiene mucho. Y los que tienen mucho tienen que ser defendidos y protegidos por los que no tienen nada. No solamente eso, sino que los que tienen mucho tienen que cuidar sus propiedades y, en consecuencia, los que nada tienen deben estar dispuestos a morir por las propiedades de gente como usted y como yo (...) Además, la gente como nosotros tiene muchos esclavos. Esos esclavos no nos quiere. No debemos caer en la ilusión de que los esclavos aman a sus amos. No nos aman y, por ende, los esclavos no nos protegerán de los esclavos. De modo que mucha, mucha gente que no posee esclavos debe estar dispuesta a morir para que nosotros tengamos esclavos. Roma mantiene en las armas a un cuarto de millón de hombres. Esos soldados deben estar dispuestos a marchar a tierras extrañas, marchar hasta quedar exhaustos, vivir sumidos en la suciedad y la miseria, revolcarse en la sangre, para que nosotros podamos vivir confortablemente y podamos incrementar nuestras fortunas personales. Los campesinos que murieron luchando contra los esclavos se encontraban en el ejército, en primer lugar, porque habían sido desalojados de sus tierras por los latifundios. Las casas de campo atendidas por esclavos los convirtieron en miserables sin tierras y ellos murieron para mantener intactas estas casas de campo. Por lo que nos vemos tentados a asegurar que todo esto es una reductio ad adsurdum. Porque usted debe considerar lo siguiente, mi querido Cicerón: ¿Qué perderían los valerosos soldados romanos si los esclavos vencen?. En verdad, ellos los necesitarían desesperadamente, ya que no hay suficientes esclavos para trabajar adecuadamente las tierras. Habría tierras de sobra para todos y nuestros legionarios lograrían aquello con que sueñan, su parcela de tierra y una pequeña casita. No obstante, marchan a destruir sus propios sueños. 

Howard Fast. Espartaco.
páginas 379-380 
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