2 de octubre de 2014

Cachalote varado en las trincheras al que le crecen sus algas internas

¡Inaudito!
 
Más veces de las que nos pensamos damos vueltas sobre una misma situación, una única idea o un sólo hecho de nuestras vidas (vamos, por generalizar y abarcarlo ya todo). 

Lo hacemos totalmente obsesionados por avanzar y finiquitar esto o aquello que nos atosiga y  perturba el trajín insubstancial de los días (siento estar rebozándome peligrosamente con el harinado del nihilismo). Pero, es cierto, que nos vemos desde dentro con un falso objetivo focal y desde fuera a vista de mosca molestona, nos vemos totalmente concentrados (así lo cree usted, pero no) en solventar aquella duda, esa otra idea que se empecina en aparecer y desaparecer; focalizados en aquella situación y aquel otro evento de más allá circunspecto a lo que es el vivir... y en los condimentos que lo especian hasta convertirlo en algo intragable, indigesto...

Configuramos un rol de guerrero y, con él y dentro de él, batallamos -oh sí, como nos gusta pensar que lo estamos haciendo-, batallamos contra esos socavones que mutilan la perfecta llanura de la vida, que habíamos imaginado como ese prado verde acariciado por las nubes y barrido por la luz del sol, solo que la idea nunca fue nuestra. 

Así, pendientes de la contradicción, describimos la perfecta escena de nuestras botas hundidas en el lodo de la zanja de la que esperamos salir; sabiendo que, tras esta zanja vendrá la siguiente trinchera, y que de reojo, con el cuello torcido en un ángulo correcto, el horizonte no se afea, pues los surcos cavados apenas son visibles. 

... como si pudiéramos encontrar consuelo en tan poco.

Tratamos de impulsarnos un poco más, frotamos las manos, al tiempo que nos encomendamos a quien quiera buenamente asistirnos y concluimos que "debemos salir de aquí". No hay nada mejor que una huida hacia delante ¿no?. Por esta razón, o más bien, influidos por ella actuamos con prisas, resbalando en el material inmaterial que nos sujeta (nos olemos que dicho material es el propio del fracaso y de la desdicha). Nos agitamos con la idea de que bien somos como la mosquita en la telaraña ¿Quién teje semejantes trampas a nuestro alrededor? Que no me entere yo quien es. Nos recorre la amarga evidencia de estar desperdiciando la vida en su sentido más completo, más circular, como si fuera a vencernos un plazo funesto en nuestros calendarios. 

Sin embargo, tal vez, (eh, solo tal vez) la zanja y el socavón -esa metáfora de nuestros "problemas"- están ahí para que les prestemos atención y cavemos más hondo, ampliemos su recorrido y si el horizonte de los días ha de ser como un prado colindante de Verdún en 1916, que lo sea, por algo será. Lo más normal sería que el socavón-zanja-trinchera sirva de refugio, lo más normal sería que el socavón-zanja-trinchera se convirtiera en el lugar desde donde ser y estar, en donde dejar de pretender que se dispone de un tiempo para cada cosa y verter todo ese tiempo en ser y estar, en palpar el agujero negro en el que nos hemos metido (con o sin ayuda) y determinar si son estos los confines o no de nuestro futuro inmediato... una suerte de "hogar"... y si lo fuera, decorarlo para el tiempo que dure este alquiler, recordad que en septiembre llegó el catálogo de Ikea.

Siempre he pensado que las estanterías Billy irían de lujo con un puñado de pensamientos como: "Quiero avanzar, hacer algo de provecho" o "¿Dónde dejé mis sueños?". Los tendríamos visibles y al alcance de la mano.

Particularmente, si me preguntáis (si es que os lo preguntabais) estoy atorada, varada como un cachalote (ni más ni menos) en una playa en donde todas las horas son de marea baja. Y hay días en los que me desespero y quierosalirquierosalirquierosalir; en cambio, tengo otro tipo de días en los que me siento como anestesiada, pero eso debe ser porque con este traje de ballena ya no me llega el aire al cerebro. ¿Es todo tan malo? No lo sé, pero sí sé que por suerte para mí, hay otros tantos días en los que veo con cierta claridad que estar estancada y varada no es parte del final, sino parte del propio proceso de estar y de ser en la creación de mi vida, aunque confieso que con el paso de los años eso de utilizar un pronombre posesivo a veces me resulta un poco pomposo.

Me digo: "Si estás engarzada a este punto será porque si fuera un tapiz, el diseño te pediría más puntadas, y si fuera una pintura mural necesitarías más color en los contornos; si fuera un poema necesitaría ir más allá... pero eso es algo que siempre pasa con los poemas, buscan la esencia de las espirales, no te traumes". Y, sin embargo, en lo único que puedo pensar es que en un arrebato de honestidad le diré al mundo que soy un manojo de ortigas, de piedra pizarra y cochinillas de la humedad fingiendo ser un ser humano, eso sí: vestida de cachalote varado, tal y como hemos convenido previamente.

Así que, cuanto me lo permite mi traje de ballena, me dedico a admirar el paisaje prestado en el que me encuentro: la playa con perpetua marea baja y el socavado prado colindante a Verdún en 1916. Un milagro dado que no cuento con periscopio.

Cuando me doy cuenta de la inexistencia de movimiento en mi tiempo y cuanto parece que se agita con gusto el mundo exterior pienso en mi aloe vera, en el cactus de mi oficina y en las palabras de María Zambrano: 

(la planta) ni duerme ni está despierta porque se alimenta continuamente, porque está fija en su lugar, en quietud absoluta en lo que hace al movimiento de traslación, que marca la diferencia, en verdad abismática, entre los dos grandes reinos de la vida. La falta de lugar fijo, la posibilidad y aun necesidad de buscar, de recorrer, de enseñorear un espacio que lleva consigo la marca de la indigencia animal, le hace despertar. 

Y añade: 

La planta está siempre presente. Su ocultación es su muerte y su estado de latencia. En ella ciertamente hay un movimiento, que es un actualizarse, un florecer en plenitud, un aparecer en toda su presencia para decaer, como llama que se enciende y apaga.  
(Los sueños y el tiempo. Ediciones Siruela, 2ª edición, 2008.)

Soy, por así decirlo, un cachalote varado al que las algas de su estómago devoran. 
Soy, más bien, el verdecillo que crece en las paredes del socavón, allá donde me agarro tratando de salir.

No me queda claro, pero soy en movimiento o varada, dentro o fuera, planta o animal.

16 de mayo de 2014

Maria Gaetana Agnesi y la bruja que olvidamos que era cuerda marinera

Maria Gaetana Agnesi
Milán, 16 de mayo 1718- 9 de enero 1799.

Los Doodles de Google son en sí mismos un pequeño fenómeno que sucesivamente va filtrando sus consecuencias y derivados en nuestras vidas internatutas. Nos entretiene y nos sacude con elegancia, y nos recuerda casi diariamente que siempre hay algo nuevo que descubrir o algo viejo que recordar. 

En el día de hoy, un día insulso, con viento y sol, un viernes más (yo pensaba que tenía anginas, pero al final ha resultado que no) Google nos ha regalado la efemérides del nacimiento de María Gaetana Agnesi, una de tantas mujeres fascinadas/dedicadas a las matemáticas que la Historia convierte en historias con h minúscula, porque todo lo que es historia sin mayúscula son anécdotas. 

Bien, pues María Gaetana Agnesi fue una grandísima matemática, autora a los treinta años de Instituzioni analítiche ad uso della gioventú italiana (a partir de ahora nos referiremos a ella como Instituzioni) una obra en donde a lo largo de sus más de 1.000 páginas fija los conceptos del Cálculo, desde la álgebra hasta llegar a las ecuaciones diferenciales. El valor de la Instituzione radica en el lenguaje empleado, en la claridad y orden con los que se abordan los conceptos y -muy especialmente- en los ejemplos que Agnesi eligió para ilustrar cada uno de los elementos.

La Bruja de Agnesi
Es en la Instituzione que descubrimos a la "Bruja de Agnesi" por el que la propia Agnesi logró hacerse con un puesto en los anales de la matemática, aunque dentro de poco descubriremos otros motivos por los que Agnesi merece un puesto de honor en las universidades italianas. 

La Bruja no lo era, la Bruja no existió entre el centenar de ejemplos de Agnesi, ella jamás se propuso llamar Bruja a su solución a la curva de Fermat, más bien pensó en metáforas, y ¿qué hay más semejante a una curva que una cuerda trazando diseños en el suelo? Agnesi pensó en un cabo, pensó en una cuerda marinera, escribió La Versiera (cuerda marinera con un giro que recuerda a la curva cónica), pero, cuando la Instituzione fue traducida, la cuerda marinera integró su artículo determinado y en trajín apareció un apostrofe. La Cuerda ya no era cuerda, era bruja: l'Aversiera (la malvada/ la bruja... en algunas otras traducciones también se habla de diablesa). Curioso y, como todo lo curioso, un poco malévolo (vamos, que ni hecho a propósito). La mala traducción rodó de idioma en idioma y al final todos concluimos que la cuerda era bruja y a otra cosa,que ya estábamos perdiendo mucho el tiempo.

En 1750 el Papa Benedicto XIV requirió que Agnesi tomara posesión de la cátedra de matemáticas y filosfía natural de la Universidad de Bolonia, pero según sabemos Agnesi, seguramente, no llegó a tomar posesión de la cátedra. Sabemos también que en aquellos años la matemática que había asombrado a todos, la dedicada autora y editora de la Instituzione, el que fuera reconocido por la Academia de Ciencias de París como el mejor tratado en matemáticas publicado jamás, había decidido apararse del estudio matemático, según sus palabras "(...) ella ya no estaba preocupada en aquellos temas"

Entonces, ¿en cuáles?. Lo más cercano a la mística de los números, la mística de lo simbólico: la religión.

Maria Gaetana Agnesi quiso ser monja desde muy joven, no obstante, su carrera académica la alejó de su deseo, y disfrutó durante años -puede que con cierta incomodidad- de la vida holgada que le ofrecía su reconocimiento público y la riqueza de su padre (el cual NO era un matemático como se ha querido imponer, si no un comerciante, un rico comerciante milanés). Tal vez, la muerte del padre desencadenara que Maria Gaetana Agnesi se alejara de la esfera pública, decidiera cambiar de orden sus prioridades y vistiera los hábitos, como según algunos autores aseguran, los hábitos azules de las agustinianas dedicadas al cuidado de dementes y enfermos terminales en los diversos hospicios que la orden tenía.

Cambiar el orden de sus prioridades no significa 1) que fuera obligada a dedicarse a las matemáticas como algunos han querido ver, tampoco significa que 2) se deba poner en tela de juicio la autoría de la Instituzione, este es un debate muy antiguo y del que parecer ser que solo unos poco parecen adscribirse; tampoco significa 3) que Agnesi desperdiciara su enorme capacidad echándose a perder al tomar o no los hábitos, en definitiva: aburriéndose. Porque las mujeres nos aburrimos rápidamente, no somos constantes porque no podemos serlo debido a nuestra esencia voluble, a nuestro ánimo caprichoso y a que tenemos cientos de cosas a la vez, hirviendo, que es el peor de los estados.

María Gaetana Agnesi fue una niña prodigio, según los comentarios de la época, fue una niña que a los cinco años de edad ya dominaba su lengua materna y el francés, a los nueve años su dominio del latín, griego y hebreo fascinaba a la audiencia que se congregaba en casa de los Agnesi en Milán, fue en la adolescencia que Maria Gaetana se decantó por las matemáticas. Una niña prodigio, alentada por su padre, expuesta como una delicada fruslería de encajes, ricitos y conceptos filosóficos, análisis semánticos y teorías astronómicas como también lo fueron Laura Bassi (1711-1778) o casi un siglo antes Elena Cornaro Piscopia (1646-1684). Laura Bassi, matemática y anatomista fue nombrada profesora de filosofía en la universidad y miembro de la Academia de la Ciencias de Bolonia, por su parte, Elena Cornaro Piscopia fue la primera mujer en obtener el título de doctora en una universidad europea.

Tal vez otro día debería tirar un poco más del hilo y desentrañar todos los nudos en los que mujeres como Agnesi, Bassi o Cornaro parecen perderse para convertirse en patrimonio de los más especialistas. Se les ha negado la oportunidad de llegar al "gran público" y es por ello que celebro que en un viernes tan insulso como el de hoy haya quien descubra a la falsa bruja de Agnesi y haya también quien recuerde que una vez hubo una niña políglota y mimada que llegó a darle nombre a uno de los valles del planeta Venus.

LA FIN



16 de octubre de 2013

El tesoro de Tutankhamon y el misterioso cometa dentro del corazón de un escarbajo

Me pregunto si alguna vez os ha sucedido lo siguiente: cuando justo al termino de la lectura de un libro os habéis visto obligados a volver al inicio del mismo, y releer, porque allí se encuentra una clave fundamental o una pista correcta.

Como siempre en estos lares lo que prima es la propia experiencia personal, es esta la que me lleva a plantearos esta pregunta. Soy consciente que como método científico deja bastante que desear, ya que debería preguntarme por aquello que va mucho más allá de mi percepción y entendimiento de esta realidad ontológica. Pero es que recientemente me estoy reencontrando con mi lado más descartesiano y me supone ya de por sí un esfuerzo plantearme "qué va más allá de mi percepción" cuando ésta ya de por sí solita tiene horizontes distantes.

Resulta que todavía no he terminado de leer el penúltimo capítulo de Herreros y Alquimistas de Mircea Eliade que me topo hace unos días con la siguiente noticia sobre el Tesoro de Tutankhamon: 

Concretamente la noticia -como habéis podido leer- gira entorno a un único broche, de abigarrado diseño, cuya pieza central presenta al divino escarabajo alado tallado en una llamativa piedra amarilla. La mayor cualidad de esta joya, ahora sabemos que reside precisamente en la "piedra" amarilla que según los estudios de un equipo de investigadores de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo, Sudáfrica) se identificó como un cristal formado tras el estallido de un cometa en los cielos de Egipto hace aproximadamente 28 millones de años, añado yo el "aproximadamente" porque en otras fuentes no aseguran este dato al 100% .

Según las conclusiones del estudio llevado a cabo sobre esta pieza en concreto, la piedra es como os decía en realidad un cristal de silicio amarillo, formado en las arenas del desierto y a partir de ellas cuando las temperaturas llegaron hasta los 2000 ºC tras la entrada en la atmósfera terrestre de un cometa. Este cometa posteriormente -se viene a demostrar con el estudio hecho público- impactó contra la superficie del desierto. Aventuran los mismos analistas e investigadores que el impactó debió finiquitar toda vida presente en lo que antaño no fueron las arenas de Egipto. El proceso por el cual fue formado este cristal es algo parecido a, aunque se trata de un fenómeno raro de ver, cuando un rayo impacta contra terrenos arenoso formándose las Piedras de Rayo o fulguritas.

Me pregunto yo qué les llevó a estudiar tan minuciosamente el escarabajo amarillo. Sea como sea, añaden los expertos de la universidad que la explosión muy seguramente originó también una serie de diamantes microscópicos que fueron diseminados junto a los cristales de silicio por todo el radio de alcance del impacto. La conjetura que exponen los científicos de la Universidad de Witwatersrand es que los diversos elementos -terrestres y celestes- pudieron fusionarse y que de resultas de esta especie de carambola sideral tantos siglos después se puede investigar un poco más sobre el origen de nuestro sistema solar.

¿Y por qué digo yo esto? Porque no debemos olvidar que los cometas son cuerpos muy antiguos formados por hielo, por rocas y polvo cósmico que orbitan alrededor del una estrella (el Sol), esta argamasa espacial tiene tantos años como años tiene el espacio. Según el informe de la Universidad de Johannesburgo esta sería la primera vez que se encuentra un pedacito de cometa sobre la tierra, dado que con anterioridad se habían identificado partículas de polvo en la atmósfera y en los glaciares del Ártico, pero en teoría -y ahí radica la noticia- hasta el momento no se habían encontrado restos de cometas sobre la tierra. Es por este motivo que el hallazgo realizado dentro del escarabajo amarillo del broche de Tutankhamón alcanza tal relevancia, en la formación de este cristal se habrían fusionado las arenas del desierto y esquirlas del cometa (llamadlo esquirlas, llamadlo como queráis). De hecho, es bastante normal hallar restos de meteoritos, recordad qué sucedió el pasado mes de febrero en la zona de los Urales.

Piedras Rayo, fulguritas, ceraunias, cometas imposibles y meteoritos ardientes. En definitiva cuerpos celestes (aerolitos) cuerpos caídos y recogidos, copiados, reproducidos y venerados. Piedras y metales del Cielo, la huella de lo divino en el suelo y su rastro en los cielos pintado. Esta es la parte que me llevo a guardar la página, cerrar el libro Herreros y Alquimistas y volver a abrirlo por el inicio de su primer capítulo. Escribe Mircea Eliade tras un académico prólogo:

Los meteoritos no podía dejar de impresionar; venidos de "lo alto", del cielo, participaban de la sacralidad celeste. En determinado momento y en ciertas culturas, incluso es probable que se imaginase el cielo de piedra .
(...)

Hagamos hincapié en esta primera valorización religiosa de los aerolitos: caen sobre la tierra cargados de sacralidad celeste; por consiguiente, representan al cielo. De ahí procede muy problamente el culto profesado a los meteoritos o incluso su identificación con una divinidad: se ve en ellos la "forma primera", la manifestación inmediata de la divinidad.
Todas, absolutamente todas las culturas veneraron en sus principios el fuego venido del cielo; los dioses eran fuego; el chamán hable en la lengua que hable dice sentir en su interior como el calor del cielo entra en él/ella; el espíritu santo del cristianismo no es más que una lengua de fuego llameante sobre las cabezas. Zeus y Thor son los dioses armados con el rayo.

No resulta nada difícil entrever los cultos de veneración y sus emplazamientos. Un meteorito era venerado en Pesinonte (Frigia) como imagen de la diosa Cibeles, como marca de la petra genitrix (la piedra madre); recientemente, a principios de año si mal no recuerdo, salió a la luz una estatuilla del dios budista Vaisravana tallada en un pedazo del meteorito Chinga, caído entre Mongolia y Siberia alrededor de hace 15.000 años, la talla que en su día fue adquirida por las expediciones del régimen nazi en Nepal fue analizada debido a sus altísimos índices férricos. Otro ejemplo, y tal vez el de mayor envergadura debido a su resonancia y puesta en escena se encuentra en la ciudad de La Meca, donde se produce de forma anual una de las peregrinaciones contemporáneas más numerosa. Según dicta uno de los cinco pilares de la religión islámica todo musulmán ha de peregrinar una vez en su vida al lugar más sacro para el Islam: la Kaaba (la Casa de Dios), el único lugar en la tierra donde se reunen lo divino y lo terrenal, convergiendo. Dice la tradición que el arcángel Gabriel ofreció a Abraham una Piedra Negra (porción de un meteorito) para que fuera utilizada como parte de la construcción de la Casa de Dios.

En el cristianismo la Estrella de Belén tiene casi un papel anecdótico, estructuradamente anecdótico por decirlo de algún modo sin caer de lleno en el "sospechismo". Se dice que los Tres Magos (reyes o no) observaron un cuerpo celeste con estela, lo que bien podría ser un cometa pasando cerca de nuestra órbita o bien podría ser un meteorito entrando en nuestra atmósfera. Tomándolo como un signo de cambio y señal de lo divino decidieron seguirlo. Debido al lapso de tiempo que se narra en las Escrituras entendemos que el fenómeno se prolongó en el tiempo, lo suficiente como para que los tres individuos lo siguieran partiendo de distintos enclaves e hicieran confluir sus viajes en una única ruta hacia la ciudad de Belén. Conocemos el fenómeno y casi aseguraríamos que la Estrella de Belén se trata de un cometa pasando cerca de la órbita terrestre. Ya sabemos que en la exégesis del cristianismo normativo se pulimentó una serie de pequeños y grandes elementos que entroncaban la nueva creencia, postulándose como renovación, con tradiciones y credos mucho más antiguos y aposentados. De un plumazo la señal en el cielo, la manifestación de lo divino que decía Eliade se convirtió durante siglos en una fábula, después en un elemento edulcorado y mucho más tarde en ornamento para plazas de pueblo.

Volvamos a los egipcios y a sus escarabajos. El químico holandés Robert James Forbes en su estudio Metallurgy in Antiquity (1950) defiende que hasta la XVIII Dinastía y el período del Nuevo Imperio el pueblo egipcio no estaba ni acostumbrado ni interesado en los yacimientos de cobre o hierro, tanto es así que las piezas que se han ido encontrando en yacimientos diversos (la Gran Pirámide incluida) se deberían más al comercio y botines de guerra que a un proceso de manufactura propia. La tesis de Forbes es clara en este aspecto: los egipcios únicamente estuvieron interesados en el hierro meteórico y en los metales que el cielo proveía. En sus análisis añade que una buena prueba de ello es el uso el reiterado uso del término biz-n.pt "metal del cielo" para referirse a la características de determinados enseres metálicos.

Tutankhamón está considerado el último faraón de la XVIII Dinastía, viviendo entre el 1.335 hasta el 1.327 aC, fechas que concuerdan con las dadas por Forbes en su estudio, pero como ya sabemos (y yo no soy muy docta en este aspecto) hablar de fechas o períodos en el Egipto dinástico resulta siempre complejo debido a las lagunas historiográficas que encontramos en las cronologías. Aún y así, no considero desafortunado creer que el cristal de silicio y arenisca que una vez se hace 28 millones de años  formó tras la entrada de un cometa en nuestra atmósfera, pasara desapercibido a un pueblo como el egipcio.

Es más, creo que de algún modo el cristal de silicio, en cuyo interior habría restos de material del cometa, fue elegido a consciencia por los sacerdotes, porque tendemos a olvidar que en el conocimiento humano hay mucho más por saber que por obviar, somos o fuimos más sabios de lo que creemos. Con el cristal se talló el cuerpo del escarabajo central del broche del faraón, por carambolas del destino, el último faraón de la XVIII Dinastía según tenemos entendido, cuadrando con las fechas que dio Forbes en su estudio, fechas que marcan un antes y un después en la cultura metalúrgica de Egipto.

El hecho, el simple hecho que en el corazón de ese escarabajo se pueden hallar restos del material primigenio de nuestro sistema solar sencillamente me estremece, pero me emociona mucho más saber que los oficiantes de la religión egipcia supieron ver lo celestial confinado en un pedazo de arena cristalizada, que supieron ver y comprender cómo el universo (con dioses o no de por medio, os lo dejo a vuestro criterio) entablaba un amistoso diálogo con ellos. Nada es casual, alguien hace miles de años miró dentro del corazón del escarabajo y en su interior encontró un pedazo, una esquirla, una mota del Cielo. Hoy, miles y miles de años después el broche que iba a pender del cuello del faraón en el más allá nos ofrece la posibilidad de estudiar el origen de nuestro sistema.

Nada es casual y a veces prácticamente todo es poesía.



26 de agosto de 2013

Cita del lunes (XXX): Isaiah Berlin y el lastre de la filosofía

 
 La filosofía no es un campo en el que se pueda adquirir conocimientos. Un físico, un químico, no necesitan leer los tratados de Arquímedes, de Lavoiser. Hemos progresado más allá de ellos. Un filósofo, en cambio, necesita saber lo que dijeron Platón, Aristóteles; no hemos avanzado más allá, no es un proceso acumulativo. Veamos, cada época tiene sus problemas, sus preocupaciones, que ocupan las mentes y que proceden de las circunstancias de la época; los filósofos tratan de buscar soluciones a estas cuestiones.

Isaiah Berlin.(1909-1997)
Extracto de la entrevista realizada en el diario El País el 9 de mayo de 1992, a cargo del periodista Juan Cruz.

Al preguntarle, hacia el final de la entrevista, por el vuelco que dio su carrera profesional a partir de la década de los cincuenta, Berlin alegó la necesidad de ampliar su perspectiva del conocimiento y "saber más que al principio". 

Berlin presenta la idea que un estudio de la historia de las ideas trataría de discernir las preguntas y las respuestas de cada tiempo, de cada coyuntura y trabajaría (fluiría) de forma comprometida con su estado deontológico y liberado del peso de la filosofía; de igual forma sucede entre la Historia de las Religiones y la Teología.

Leer la afirmación de Berlin supuso no hace mucho una especie de liberación, levar anclas y soltar el aire que retenía en los pulmones desde que terminé la carrera. Salí de la facultad sabiendo mucho más, pero años después persistía la idea, la sensación más que la certeza, que todo el uso de ese conocimiento debía extenderse en un ejercicio complejo que tejedores; una larga y extenuante práctica de genealogía que se resume siempre en saber qué dijo el pensador/filósofo inmediatamente anterior a este. Algunos somos mejores tejedores que otros y algunos no sabemos ni hilvanar, por tanto tirando del hilo siempre, siempre se llega a un tope, al nudo herculáneo o al principio (las madejas de lana a veces rompen su continuidad) y ese tope o nudo es siempre el mismo. Es por eso, que resulta imprescindible ahora, en la segunda mitad del 2013, saber qué dijeron Platón o Aristóteles. 

En las palabras de Berlin se contiene un fantasma de reproche que no sabe hacia quien dirigirse. ¿El culpa de Descartes? ¿de los filósofos de la Ilustración? ¿Es culpa de los genios del siglo XIX?. De quién es culpa que siempre tengamos que recurrir a las mismas ideas, como si los griegos fueran una invocación divina que sirva para purificar nuestras argumentaciones y bendigan nuestras disquisiciones y elucubraciones. ¿Así que un lastre para el conocimiento?. De ser así, alguien con menos diligencia y paciencia podría haber claudicado a una premisa tal como que el pensamiento y la filosofía murieron de éxito en la Academia.

Estoy hecha un lío en mitad de la madeja, porque me encuentro ante la necesidad de saber porqué el Sr. Berlin pensaba así. He de mirar hacia atrás, convirtiendo el pasado en una especie de futuro por descubrir ante mí, dado que leer a Berlin me obliga a leer a Stuart Mill y a De Maistre, quien me empuja a preguntarme por Burke y por Prize y, sin comerlo ni beberlo, me encuentro en la segunda mitad del siglo XVIII, paro porque si prosigo volveré a pisar la Academia. 

Supongo que la carga es mucho más liviana de llevar y de desprender si quien organiza el pensamiento no cree el determinismo histórico, como era el caso de Berlin. 

¡Ah Sr. Berlin! es que no es tan sencillo Sr. Berlin, no lo es, pero le agradezco que dijera en voz alta aquello que me ha carcomido durante años, le doy la razón o usted me la da a mí. Supongamos que no vamos a saber jamás cómo deslibrarnos del peso de la filosofía, supongamos que tendremos que alimentar con devoción a esa hermana pequeña que es la historia de las ideas y preguntarnos hasta cuando y porqué es tan difícil distinguirla.

 

19 de agosto de 2013

Cita del lunes (XXIX): El Perezoso


 "El perezoso halla poco placer en todo aquello bueno que hace y en lo cual otros hallan placer. Y como va en detrimento propio, no halla placer en que éste no sea aun mayor. Y esta es la razón por la cual un tal hombre halla desagradable y trabajoso tanto el bien como el mal."

 Ramon Llull. Libro del Orden de Caballería (1275-1281)
Parte sexta: En que se trata de las costumbres propias de los caballeros

A menudo he de recordar esta cita para no abandonarme, para no dejar de moverme.
Lo sé, una actualización demasiado escueta teniendo en cuenta todo el tiempo que llevo sin actualizar,  pero es que me da un poco de pereza... oh, mierda. Vuelta a empezar. "el perezoso halla poco placer en todo aquello que hace y en lo cual otros hallan placer... y blablablablá".


24 de junio de 2013

Cita del lunes XXVIII: O Icarus of the fearless flight

Icarus. Gabriel Picart




Never regret the fall 
O Icarus of the fearless flight
fot the greatest tragedy of them all
is never to feel the burning light

Oscar Wilde






¿Acaso no os sorprende la poca cantidad de poemas dedicados a Ícaro?.
Amanezco, tras la noche más corta el año, agradecida que el sol haya completado su parábola creciente y que la luna sobrepase en el horizonte su tamaño, y discurra con soltura, deslumbrándome, porque ya no hay noches tapadas.
Cae el sol y junto a él, emprendemos la caída.

Pero antes, imaginad a Icaro subido en el borde de una de las paredes del laberinto. Imaginadlo equilibrnado peso y el peso de sus alas en el margen estrecho (o no tan estrecho) del muro. Imaginadlo mirando hacia abajo. ¿Qué vería? ¿Cascotes desprendidos de los recios muros del laberinto que su padre levantó? ¿Vio los árboles en los bosques como un manto verde de estacas en las que ensartarse? ¿Vio el mar? Tal vez le fuera fácil ver el mar, al fin y al cabo, Creta es una isla. El Sol no es la metáfora, lo es la isla, Creta es la metáfora de todo de cuanto hay que desear huir. El mar, el horizonte y lo profundo tangible, aquello que ha de llegar y cuando llega nos engulle. Dime que ves a la muerte en el mar.




29 de abril de 2013

Cita del lunes XXVII: esperando a los bárbaros (Konstantinos Kavafis)


¿Qué esperamos agrupados en el foro?
Hoy llegan los bárbaros.
¿Por qué inactivo está el Senado
e inmóviles los senadores no legislan?
Porque hoy llegan los bárbaros.
¿Qué leyes votarán los senadores?
Cuando los bárbaros lleguen darán la ley.

¿Por qué nuestro emperador dejo su lecho al alba,
y en la puerta mayor espera ahora sentado 
en su alto trono, coronado y solemne?.

Porque hoy llegan los bárbaros.
Nuestro emperador aguarda para recibir 
a su jefe. Al que hará entrega 
de un largo pergamino. En él 
escritas hay muchas dignidades y títulos.

¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores visten
sus rojas togas, de finos brocados;
y lucen brazaletes de amatistas,
y refulgentes anillos de esmeraldas espléndidas?.
¿Por qué ostentan bastones maravillosamente cincelados
en oro y plata, signos de su poder?.

Porque hoy llegan los bárbaros; 
y todas esas cosas deslumbran a los bárbaros.

¿Por qué no acuden como siempre nuestros ilustres oradores
a brindarnos el chorro feliz de su elocuencia?.
Porque hoy llegan los bárbaros
que odian la retórica y los lagos discursos.

¿Por qué de pronto esa inquietud
y movimiento? (Cuánta gravedad en los rostros.)
¿Por qué vacía la multitud calles y plazas,
y sombría regresa a sus moradas?.

 Porqué la noche cae y no llegan los bárbaros.
Y gente venida desde la frontera
afirma que ya no hay bárbaros.

¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?
Quizá ellos fueran una solución después de todo.

Konstantinos Pétrou Kavafis.
 Esperando a los bárbaros. (1904)

Ulpiano Checa, La Invasión de los Bárbaros
Hoy sin duda es el día más adecuado para leer este poema, por varias razones. Hoy se cumplen 80 años del fallecimiento del poeta, pero también se cumplen los 150 de su nacimiento. Afortunado Kavafis que viniste al día en un lánguido 29 de abril de 1863 y que, setenta años después, en otro 29 de abril de 1933 te marchaste. Y tu vida transcurrió por el Adriático, por las riberas norte y sur del Mediterráneo, donde todo guarda tantas similitudes que los de un lado y otro prefieren desentenderse, negar la evidencia, y decir que en sus casas no da tanto el sol. Si hubo una patria, esta siempre fue Ítaca y su capital solo podía ser Alejandría.

Y, en sus poemas, navegan por cientos de pequeñas embarcaciones de velas extendidas y triangulares, porteando su cargamento de analogías, de recuerdos y memorandos, elegías y salves desde Estambul hasta Algeciras y viceversa, como se cantaba en aquella otra canción. Y desde los puertos los estibadores cargan sus poemas, el mercader los anuncia y yo, como tú, los leo, es la transacción más antigua de este Mar. 

Kavafis escribía a ese pasado remoto que día tras día se repite en nuestras encimeras, sobre los alféizares, al menos en esta riba del Mediterráneo. Hoy llegan los bárbaros, llegan a inspeccionar nuestras política; mirarán con lupa los esfuerzos y los abusos de una ley laboral fallida, revisarán los incentivos y las prestaciones para la creación de puestos de trabajo, preguntarán por los planes de ayuda para jóvenes emprendedores y se preguntarán: ¿Quién emprende en este país? ¿quién da trabajo? ¿Qué ha sido del trabajo?. Y Mariano Rajoy, que se levantó de su lecho antes del alba como lo hizo el emperador en el siglo IV, les espera en la puerta mayor, vestido para la ocasión; ensaya su discurso y no atiende a quien le recuerda que ni la retórica, ni los eufemismos sirven con el pueblo bárbaro. Mientras tanto, la plebe se agolpa en la plaza del foro y se pregunta: ¿Vienen los bárbaros?... quizá ellos fueran una solución después de todo.
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