no es por comparar pero...
Philippe Jaroussky
Montserrat Caballé
Radu Marian
Cecilia Bartoli
Lascia ch'io pianga.
Lascia ch'io pianga mia cruda sorte,
E che sospiri la libertà!
E che sospiri, e che sospiri la libertà!
Lascia ch'io pianga mia cruda sorte,
E che sospiri la libertà!
La aria más conocida de la ópera: Rinaldo compuesta por Haendel en 1711... Una lástima que no cuente como canción de cruzada como Der Palestinalied... una lástima.
Yo no voy a comparar pero... vosotros sí que podéis
20 de febrero de 2011
12 de febrero de 2011
Hurts
Hoy debería estar en la sala Apolo, en su concierto, pero heme aquí, descansando. Pero aún así, y a pesar de que lo lamento, quisiera que si no lo habéis hecho los escuchárais... porque tal vez no hacen nada novedoso, pero lo que hacen lo hacen muy bien.
Better than Love (que por lo que tengo entendido es el ending de un dorama japonés¿?)
... Parece que la fiebre El Cisne Negro va a perseguirnos durante cierto tiempo
Better than Love (que por lo que tengo entendido es el ending de un dorama japonés¿?)
... Parece que la fiebre El Cisne Negro va a perseguirnos durante cierto tiempo
6 de febrero de 2011
revoluciones técnicas
He intentado escribir una entradilla para el tema que quiero tratar, pero empieza a cansarme escribir y borrar para escribir algo diferente a lo anterior y borrarlo también, cansada. Así que, haremos ver que esto es como un in media res literario.
La reflexión no es nueva. Puede que esté ya contaminada por la cantidad de material que vengo leyendo y aplicando a mis estudios en el máster, pero si ahora mismo a alguien se le ocurriera preguntar a un tercio de la población mundial ¿Cuál es el invento más importante de la humanidad?.Posiblemente de ese tercio de la población un % irrisorio respondería: la imprenta.
Os lo he dicho, la reflexión no es nueva, esta más bien manoseada. La imprenta cambió el curso de la Humanidad, los demás inventos y avances técnico-científicos sólo han logrado que demos pasitos a los lados en un posible cambio de planes. Con la imprenta las lenguas que ahora utilizamos abandonaron su categoría de "vulgares", se convirtieron en los mecanismos relacionales, en la voz y en las nuevas palabras para dar sentido de nuevo al mundo. El latín dejó de considerarse la lengua de dios y de los hombres, de los ministros de este dios en la tierra; de la ley y de la norma ética. Se convirtió sin más en el antepasado a venerar pero por el que no se transita ya más.
Con la imprenta se distribuyeron las traducciones de la Biblia y todo aquel que supo leer pudo encontrar aquello que no se le quiso decir literalmente desde los púlpitos. Y tras la Biblia, la filosofía, la teología, los consejos para los príncipes y los reproches también, los cuentos, las viejas reformulaciones de lo que dejaron escrito Homero y Ovidio; también todo aquello que habían sido prohibido reproducir en los escriptoriums. Martin Lutero y Thomas Moro de mano en mano, siendo leídos por igual.
Nacieron los Corantos, la prensa no parroquial y las octavillas contra el gobierno disoluto de los reyes y los papas, y a favor también. La iglesia y los estados modernos en formación no podían más que prohibir la impresión y distribución, pero el invento era desmontable, los artesanos podían deshabilitar sus máquinas ante una visita inesperada; podían trasladarse de calle a calle, de ciudad en ciudad, pero más que desctacarlo a ellos era la mobilidad de los libros la que no encontraba fin. Y aquello que se leía en Edimburgo se leía en Milán, no inmediatamente, porque la inmediatez es la especialidad de nuestra era, no de la suya. El conocimiento igualmente fluía y volvía a sí mismo mejorado o depurado.
Los salones de lectura, la invención de la novela no versada, el género epistolar, las tertulias, los manifiestos de nuevo.
Y todo ello a dónde nos lleva: todavía estamos caminando.
Pero llega la Ilustración y la Revolución norteamericana y la creación de estados sin intervención de Dios Padre pero cuyos cimientos son tan mesiánicos como humanos; y llega la Revolución Francesa y caen los monarcas que reinan por obra de ese Dios Padre del que casi 3 siglos antes casi nadie sabía más que aquello que se de-clamaba en los sermones.
Cae el Antiguo Régimen, surge el nuevo. Oh espíritu del protestantismo! (leedlo :)) Y quien piensa escribe y genera pensamiento que coincide y encuentra con quien escribir más sobre la misma idea que tuvo en un principio. Socialismo utópico, romanticismo, naturalismo deprimente, realismo, capitalismo, historia de las eras oscuras. Da igual el listado que pueda seguir haciendo, porque llega el siglo XX y me olvido de las máquinas de escribir y de los periódicos con sus corresponsales, de las guerras que provocan, de las tantas otras que nos han descubierto. Me olvido de la manipulación, del orden establecido, de los bandos tan bien perfilados y de los 77 que no quisieron ser como el resto y ahora ya no pueden liderar sus zonas de influencia Llega la literatura de la supremacía y con ella llegan los imperios que no veremos terminar, por no haber nacido. Hubo dos guerras y con ellas se terminó la literatura de aventuras, llegó el cine de cowboy contra los indios y aprendimos que el color rojo es para los suspensos y los comunistas, el bolígrafo de color azul para las firmas contractuales y la bonanza económica. ¿Qué muro? Ah...
Y los avances de la guerra que sirven para la vida del día a día: conservas y nylon, motores diesel y neveras, Airbags y centrales atómicas, y el "Do it yourself" junto al "We can do it too" de las arremangadas. E internet también.
El invento más importante de nuestra historia es la imprenta, porque cambió el mundo., revolucionando sus cimientos. Pero ¿E INTERNET?. Las revoluciones necesitaban entonces siglos, ahora parece que únicamente necesitamos décadas.
Ay de aquel que crea que Internet solo es bajarse películas y no pagar derechos de autor y que no está ya cambiando el mundo. Ay del que se acerque a Internet pensando que solo es ocio y que el mundo sigue siendo el mismo por el tiempo que le llegue a quedar, hasta nuevo aviso.
La reflexión no es nueva. Puede que esté ya contaminada por la cantidad de material que vengo leyendo y aplicando a mis estudios en el máster, pero si ahora mismo a alguien se le ocurriera preguntar a un tercio de la población mundial ¿Cuál es el invento más importante de la humanidad?.Posiblemente de ese tercio de la población un % irrisorio respondería: la imprenta.
Os lo he dicho, la reflexión no es nueva, esta más bien manoseada. La imprenta cambió el curso de la Humanidad, los demás inventos y avances técnico-científicos sólo han logrado que demos pasitos a los lados en un posible cambio de planes. Con la imprenta las lenguas que ahora utilizamos abandonaron su categoría de "vulgares", se convirtieron en los mecanismos relacionales, en la voz y en las nuevas palabras para dar sentido de nuevo al mundo. El latín dejó de considerarse la lengua de dios y de los hombres, de los ministros de este dios en la tierra; de la ley y de la norma ética. Se convirtió sin más en el antepasado a venerar pero por el que no se transita ya más.Con la imprenta se distribuyeron las traducciones de la Biblia y todo aquel que supo leer pudo encontrar aquello que no se le quiso decir literalmente desde los púlpitos. Y tras la Biblia, la filosofía, la teología, los consejos para los príncipes y los reproches también, los cuentos, las viejas reformulaciones de lo que dejaron escrito Homero y Ovidio; también todo aquello que habían sido prohibido reproducir en los escriptoriums. Martin Lutero y Thomas Moro de mano en mano, siendo leídos por igual.
Nacieron los Corantos, la prensa no parroquial y las octavillas contra el gobierno disoluto de los reyes y los papas, y a favor también. La iglesia y los estados modernos en formación no podían más que prohibir la impresión y distribución, pero el invento era desmontable, los artesanos podían deshabilitar sus máquinas ante una visita inesperada; podían trasladarse de calle a calle, de ciudad en ciudad, pero más que desctacarlo a ellos era la mobilidad de los libros la que no encontraba fin. Y aquello que se leía en Edimburgo se leía en Milán, no inmediatamente, porque la inmediatez es la especialidad de nuestra era, no de la suya. El conocimiento igualmente fluía y volvía a sí mismo mejorado o depurado.
Los salones de lectura, la invención de la novela no versada, el género epistolar, las tertulias, los manifiestos de nuevo.
Y todo ello a dónde nos lleva: todavía estamos caminando.
Pero llega la Ilustración y la Revolución norteamericana y la creación de estados sin intervención de Dios Padre pero cuyos cimientos son tan mesiánicos como humanos; y llega la Revolución Francesa y caen los monarcas que reinan por obra de ese Dios Padre del que casi 3 siglos antes casi nadie sabía más que aquello que se de-clamaba en los sermones.
Cae el Antiguo Régimen, surge el nuevo. Oh espíritu del protestantismo! (leedlo :)) Y quien piensa escribe y genera pensamiento que coincide y encuentra con quien escribir más sobre la misma idea que tuvo en un principio. Socialismo utópico, romanticismo, naturalismo deprimente, realismo, capitalismo, historia de las eras oscuras. Da igual el listado que pueda seguir haciendo, porque llega el siglo XX y me olvido de las máquinas de escribir y de los periódicos con sus corresponsales, de las guerras que provocan, de las tantas otras que nos han descubierto. Me olvido de la manipulación, del orden establecido, de los bandos tan bien perfilados y de los 77 que no quisieron ser como el resto y ahora ya no pueden liderar sus zonas de influencia Llega la literatura de la supremacía y con ella llegan los imperios que no veremos terminar, por no haber nacido. Hubo dos guerras y con ellas se terminó la literatura de aventuras, llegó el cine de cowboy contra los indios y aprendimos que el color rojo es para los suspensos y los comunistas, el bolígrafo de color azul para las firmas contractuales y la bonanza económica. ¿Qué muro? Ah...
Y los avances de la guerra que sirven para la vida del día a día: conservas y nylon, motores diesel y neveras, Airbags y centrales atómicas, y el "Do it yourself" junto al "We can do it too" de las arremangadas. E internet también.
El invento más importante de nuestra historia es la imprenta, porque cambió el mundo., revolucionando sus cimientos. Pero ¿E INTERNET?. Las revoluciones necesitaban entonces siglos, ahora parece que únicamente necesitamos décadas.
Ay de aquel que crea que Internet solo es bajarse películas y no pagar derechos de autor y que no está ya cambiando el mundo. Ay del que se acerque a Internet pensando que solo es ocio y que el mundo sigue siendo el mismo por el tiempo que le llegue a quedar, hasta nuevo aviso.
30 de enero de 2011
... de l'hivern més dolç
Quimi Portet- DORM
(Viatge a Montserrat, 2009)
Era tard, força tard
però va arribar el nostre hivern
i algun déu despistat
va deixar-se un foc encès.
Ara un bes, ara un mos,
ara un mos, un bes i dos;
del cel blau del teu cos
jo vull ser-ne l'aviador.
Què podem dir
que en aquest món algú o altre no hagi dit?
Sense literatura no pot haver-hi amor.
A dins meu, silenciós,
mor un jove lentament;
nous perfums, nous colors,
nous fonemes per al cor.
Ja no tinc el pudor,
o potser he de dir la por
de cridar el teu nom
i posar-lo a les cançons.
No, no, no
...que no es fongui la neu.
No, no, no
...de l'hivern més dolç.
Dorm, dorm, dorm
...bona nit amor.
Bona nit.
(Viatge a Montserrat, 2009)
Era tard, força tard
però va arribar el nostre hivern
i algun déu despistat
va deixar-se un foc encès.
Ara un bes, ara un mos,
ara un mos, un bes i dos;
del cel blau del teu cos
jo vull ser-ne l'aviador.
Què podem dir
que en aquest món algú o altre no hagi dit?
Sense literatura no pot haver-hi amor.
A dins meu, silenciós,
mor un jove lentament;
nous perfums, nous colors,
nous fonemes per al cor.
Ja no tinc el pudor,
o potser he de dir la por
de cridar el teu nom
i posar-lo a les cançons.
No, no, no
...que no es fongui la neu.
No, no, no
...de l'hivern més dolç.
Dorm, dorm, dorm
...bona nit amor.
Bona nit.
29 de enero de 2011
nacidos y muertos
A veces me pregunto porque persistimos en decir que somos mortales, como autoasignándonos la responsabilidad de morir, recalcando día a día tan sólo el "posible" final. Escribo posible entrecomillado, porque aquí cada cual que decida callar o proclamar la mesura-la intensidad de su alma inmortal, o por el contrario la vacuidad de la misma, la posible negación de ella incluso.
No es esta la pregunta que me hago
Si lo es la siguiente, la primera que he escrito: ¿Por qué persistimos en decir que somos mortales?. ¿Por qué no decimos de nosotros mismos que somos nacidos y nacidas? Y así nos reclamamos como Venidos a este mundo sin más, con la misma incertidumbre con la que nos vamos a ir... eso nos dicen.
Me hace sospechar. Últimamente pienso demasiado en las palabras, en el sentido y en el significado, el propio y con aquel que van quedándose con el tiempo; pienso en cómo poco a poco voy errando en su uso, como parece ser que me he instalado en una cómoda butaca lingüística que va amoldándose a todo aquello que pienso, aunque hay quien diría que es precisamente el uso de un cierto y acotado vocabulario el que moldea mi pensamiento y no otro.
Y así, sigo pensando en porqué escojo un verbo y no otro, en cómo y porqué insisto en construir aberraciones a base de preposiciones; sobretodo, pienso en los errores y en los "hacendados" de más. Pienso, sin más.
Es más, las palabras que pienso me llevan al almacén de todo lo que he ido intuyendo a lo largo de los años, todo aquello que nunca han tenido nombre y que por ende se queda en la sombra, agazapado y esperando, hasta que alguien por mí las nombra, les da un cuerpo (su cuerpo) formado por trazos, por golpes de muñeca, por un divertido teclear (entonces no intento imaginarme esas uñas arañando las letras sobreimpresas). Cuando él o ella nombra y da a luz al pensamiento que he llevado en mí, intuido y huérfano, es entonces que veo cuan largo es el camino de los pensamientos y qué desconcertante el senderillo de los míos tras esta bruma.
Pensar en palabras me da pie a pensar en la neblina que emboza mi frente, traba mi lengua y que coloca una mano fuerte y callosa sobre mis labios. No quisiera decir que no sé ya nombrar ni deletrear, no quisiera hacerlo y no lo hago, sumergiéndome en el páramo de esta particular batallita. Me desdoble y me parto las rodillas a base de dicotomías, que con cada amanecer pierden un poco su lustro y refinamiento semiótico.
Antes vivía, de cuclillas en la cornisa de la dialéctica... ahora, ahora prefiero cohabitar con la jauría de "intuiciones" que he ido dejando sin nombrar. O el vendaval de allá a fuera o la calidez de las estancias oscuras, de lo no visible y sí sentido. No se trata de una habitación del pánico mental, de una barrera, se trata más bien de arañar el teclado y de escuchar el centenar de vocecillas que sienten mi día a día.
Ayer me acosté creyendo firmemente en la inmortalidad de mí, que fluye y que es capaz de construir un cerco, un habitáculo bien iluminado.
Hoy me he despertado pensando en la insolvencia, en el poco sentido que tiene y aporta considerarnos mortales, venidos a morir, cadáveres andantes, muertos en vida, zombies postestructuralistas, fantasmas sin carne cuyo rol es múltiple e insoportable... y cuantas otras acepciones conozcáis.
Se pone el sol tras las ventanas, una de mis manos está fría y la otra palpita todavía cálida, desafiante.
¿Por qué decimos de nosotros mismos que somos mortales? Si lo único que es real, por físico y por doliente, es que somos meramente nacidos.
Será que no he sido todavía capaz de establecer contacto con mi alma, de hablarle y escucharla; y persisto en comunicarme con mi carne y no a través de ella, llamándola dulcemente y a voces, porque sé que mora al fondo de la estancia de las intuiciones y mucho más allá: mi alma.
No es esta la pregunta que me hago
Si lo es la siguiente, la primera que he escrito: ¿Por qué persistimos en decir que somos mortales?. ¿Por qué no decimos de nosotros mismos que somos nacidos y nacidas? Y así nos reclamamos como Venidos a este mundo sin más, con la misma incertidumbre con la que nos vamos a ir... eso nos dicen.
Me hace sospechar. Últimamente pienso demasiado en las palabras, en el sentido y en el significado, el propio y con aquel que van quedándose con el tiempo; pienso en cómo poco a poco voy errando en su uso, como parece ser que me he instalado en una cómoda butaca lingüística que va amoldándose a todo aquello que pienso, aunque hay quien diría que es precisamente el uso de un cierto y acotado vocabulario el que moldea mi pensamiento y no otro.
Y así, sigo pensando en porqué escojo un verbo y no otro, en cómo y porqué insisto en construir aberraciones a base de preposiciones; sobretodo, pienso en los errores y en los "hacendados" de más. Pienso, sin más.
Es más, las palabras que pienso me llevan al almacén de todo lo que he ido intuyendo a lo largo de los años, todo aquello que nunca han tenido nombre y que por ende se queda en la sombra, agazapado y esperando, hasta que alguien por mí las nombra, les da un cuerpo (su cuerpo) formado por trazos, por golpes de muñeca, por un divertido teclear (entonces no intento imaginarme esas uñas arañando las letras sobreimpresas). Cuando él o ella nombra y da a luz al pensamiento que he llevado en mí, intuido y huérfano, es entonces que veo cuan largo es el camino de los pensamientos y qué desconcertante el senderillo de los míos tras esta bruma.
Pensar en palabras me da pie a pensar en la neblina que emboza mi frente, traba mi lengua y que coloca una mano fuerte y callosa sobre mis labios. No quisiera decir que no sé ya nombrar ni deletrear, no quisiera hacerlo y no lo hago, sumergiéndome en el páramo de esta particular batallita. Me desdoble y me parto las rodillas a base de dicotomías, que con cada amanecer pierden un poco su lustro y refinamiento semiótico.
Antes vivía, de cuclillas en la cornisa de la dialéctica... ahora, ahora prefiero cohabitar con la jauría de "intuiciones" que he ido dejando sin nombrar. O el vendaval de allá a fuera o la calidez de las estancias oscuras, de lo no visible y sí sentido. No se trata de una habitación del pánico mental, de una barrera, se trata más bien de arañar el teclado y de escuchar el centenar de vocecillas que sienten mi día a día.
Ayer me acosté creyendo firmemente en la inmortalidad de mí, que fluye y que es capaz de construir un cerco, un habitáculo bien iluminado.
Hoy me he despertado pensando en la insolvencia, en el poco sentido que tiene y aporta considerarnos mortales, venidos a morir, cadáveres andantes, muertos en vida, zombies postestructuralistas, fantasmas sin carne cuyo rol es múltiple e insoportable... y cuantas otras acepciones conozcáis.
Se pone el sol tras las ventanas, una de mis manos está fría y la otra palpita todavía cálida, desafiante.
¿Por qué decimos de nosotros mismos que somos mortales? Si lo único que es real, por físico y por doliente, es que somos meramente nacidos.
Será que no he sido todavía capaz de establecer contacto con mi alma, de hablarle y escucharla; y persisto en comunicarme con mi carne y no a través de ella, llamándola dulcemente y a voces, porque sé que mora al fondo de la estancia de las intuiciones y mucho más allá: mi alma.
8 de enero de 2011
La Caixa, Parlem?
Hoy voy a hablar de mi, porque esta entrada lleva tiempo escrita y ha sido releída, modificada, borrada en incontable veces y siempre se ha quedado por publicar. De ahí el socarrón título de la entrada.
Hasta no hace mucho habría empezado a escribir con la siguiente entradilla y coletilla: Quienes me conocen saben que... pero desgraciadamente quienes me conocen ya no saben nada, y el uso gracioso del "desgraciadamente" se debe simplemente por su bonita sonoridad y por nada más. Ya nadie me conoce, quienes compartían días conmigo ya no lo hacen y las causas del porqué son un alud de malos momentos individuales que no deberían afectar (y no lo han hecho) a la colectividad, pero que según lo veo yo nos han mermado, nos han cortado los talones y poco se puede caminar los unos hacia los otros con "estos" pies simbólicos que tiene la vida hechos un cristo.
Me llevo la peor parte, es mi entrada y por eso prefiero cargármelas yo. Desde siempre, desde mucho antes de todo esto *señala a su alrededor tanto cosas materiales como inmateriales, os señala a vosotros también* he tenido muy clara una cosa, o creía tenerla muy clara según como me daba la luz de la mañana: SOY MUY FUERTE y no es baladí.
He crecido con una madre que nunca ha escondido que todos nosotros somos un error, ella demasiado valiosa para nuestros ojos. He crecido con un padre que jamás ha previsto los imprevistos del mañana. He crecido con unas hermanas a las que siempre he relacionado con insectos, a las que quiero y por las que me he llevado todos los bofetones por sortear. Y, he crecido tanto que preferí tener dos espinazos, y tuvieron que estirparme uno de ellos y dejarme con la alegría de la sombra de una parálisis para el resto de mi vida. He crecido, como arraigada en un huerto sin abono, sencillamente pobre, de patatas arenosas. ¿La crisis? Qué Crisis, si siempre hemos estado igual...
Desde los 15 tengo la certeza que me tendré que hacer cargo de una de mis hermanas para "los restos" porque así son este tipo de enfermedades, para toda la vida; y es que ahora todos vivimos tanto y tan bien que ya veis. Y no lo sabéis, no lo podéis saber, qué es y cuánto significa cada maldito día. Porque nuestra vida (atentos al símil) es como la vida en y dentro de una guerra cualquiera: hay días en los que los cielos son claros, no hay alarmas ni columnas de fuego en los ojos de los demás y entonces el silbido de una bala atraviesa por las ventanas, recorre los pasillos e impacta contra una estantería, contra el marco de las fotos que nunca hemos tenido expuestas (Oh aquella vacaciones) -así es siempre- y todo estalla.
Y aún así, me grapo y he grapado caretas de papel maché de cientos de colores. Os he conocido y os he querido, envidiado y compadecido cuando todo os iba mal, cuando siempre he visto muy claramente como se podían solucionar vuestras desgracias (llamadme lo que queráis en este punto pero siempre ha sido así). Echadme en cara eso si que no os haya detallado mis planes perfectos para cada uno de vosotros. Me he "escapado" literalmente de casa para ir a veros y quedarme una tarde, una noche con vosotros, riendo y haciendo cosas que no debería hacer con 20 sino con 15, pero es que a los 15 yo toqué con los pies en el suelo. A veces, miento, casi siempre digo que vivo mi vida al revés, haciendo cosas que no me pertocan a edades que no corresponden; pero eso eran antes... todo esto se termino en 2007. Por ahora, según como me da la luz de la mañana tengo la dulce certeza que cuando cumpla los treinta empezaré a ser feliz.
El caso es que lo he hecho y he pretendido ser igual a muchos, pero ya sabéis que este tipo de escapartorias y artimañas no resultan jamás, que al volver a casa y a pesar de toda la diversión volvemos a estar tan "lo que sea" como antes. Me hago una idea de vuestras vidas una vez cerráis la puerta y espero que os hayáis hecho una idea de la mía una vez dejaba vuestras casas. La empatía siempre resulta que es una de las virtudes que más gente cultiva y que más pocos cosechan. Hay veces en las que me enroscon bajo las sabanas pensando en las veces en las que pudimos enfadarnos de tal modo que se rompiera todo, en las veces y en lo cerca que hemos estado de ser algo más, en las veces y en lo cerca que hemos estado de emprender algo serio y grande (empresas, quimeras varias, enlaces con otros mundos)... sobretodo en las veces y en lo cerca que hemos llegado a estar los unos de los otros. Y entonces me duermo, generalmente pensando en las veces que pudimos ser amantes. Os quiero tanto.
A mi me falta esa empatía de la que os he hablado, he crecido en el huerto seco y por ende soy una bicha seca y áspera, pero resulta que hay por ahí tipos y tipas con visión de rayos X que me han dicho que mi tallo rezuma savia dulce. Y he tenido el descaro de arrebujarlos bajo mis alas y luego no darles más cobijo. Y, aunque así sea, no me va a ayudar en nada, así que hagamos ver que desconocemos todos este mínimo detalle sobre mí, suficiente tengo.
Esta mañana he dictado entre sueños esta entrada y me he puesto a llorar. Será la gripe; será que la fiebre no baja; será que vivo constantemente con un nudo a medio hacer y deshacer en la garganta; será que me he puesto a mirar bolsas de trabajo en la otra punta de España, que he estado a punto de llamaros a dos para preguntaros si sabéis de alguien que necesite compañera de piso, porque soy pequeñita y estoy dispuesta a dejar mis libros en casa (fijaos a que punto llego). Porque el inicio de año ha sido terrible: por la fiebre, por la enfermedad de mi hermana, por la deslumbrante entrada a lo grande en Plan Molino de mi madre y su anorexia y sus "me quedo en cama a morirme", porque a esta familia no le falta de nada y es que hasta tenemos un abuelo senil que se va de casa sin documentación con la pretensión de matar a sus vecinos... porque la sanidad social y los asistentes sociales son criaturas impías que gozan dando largas (y eso lo digo yo que se de lo que me hablo por mi cualidad de impía, de dar largas y de haber visto centenares de veces la misma mirada). Porque en el fondo lo estáis viendo: la locura cabalga desbocada por nuestras venas y hago todo lo posible para y por mantenerla a raya.
(Y no sabéis cuanto molesta leer sobre otros personajes que han tenido este mismo miedo, que han vivido esta misma vida)
A todo esto, cuando abro la boca temo que solo salga un sollozo a medio camino entre la osa y vaca. Y si logro decir algo que no sea ese bramido seco, sólo hablo del trabajo porque es un mal, con el que puedo, pues no es el peor ni el mayor. Por eso callo, prácticamente todos los días, por eso hago ver que mi vida se ha quedado suspendida entre dos escalones: trabajo y máster. Porque porque hay amigos, conocidos, grandes afinidades, gente con la que reír y salir, pero amigos a los que ir a sus casas para llorar... no y no los debería haber. Y soy consciente que lo pasáis mal, que las mismas penurias y las mismas rachas de mala suerte, pero creo haber visto a lo largo de los años que vosotros al contrario que yo no cargáis con ese par de bultos extra que llevo yo desde los 11-15, desde mucho antes de conocernos y de tener todo esto *señala a su alrededor, a lo material y a lo inmaterial*. Cuando nos conocimos siempre decía: que en la vida hay un punto de inflexión que sólo se da cuando nos subyugamos al poder del ombligo, quedándonos atrapados en él (ergo en nosotros mismos). No es que por entonces me poseyera el espíritu de algún hippie consumado sino que al entrar en la universidad me di cuenta (cayó la venda) que en realidad sois (el resto, yo no) muy, muy egoístas. En mi caso únicamente soy egoísta sin adverbios cuantitativos por delante.
Tengo otro gran defecto: soy bastante mala con los idiomas, tal vez y cumpliendo con la regla establecida en mi vida no lo sea tanto como creo que lo soy. (¿Autoestima?). Sino fuera así... pero lo es y sé que debería lanzarme con el inglés y perfeccionar mis conocimientos de francés e irme. No porque este país sea una porquería, porque nos intervengan en marzo lo más seguro o porque no me vayan a subir el sueldo por tercer año consecutivo o porque esté cansada de no verme reflejada en ninguna superficie pulimentada, sino porque creo que ya no soy yo quien se nutre del suelo seco de este huerto, sino que es él el que se alimenta de mí.
¿Qué pretendo decir con todo esto? Nada, porque pediros tiempo ya no da resultado
Sé que nadie ha pedido una explicación, no almenos esta, pero ahí la dejo para que la lea quien quiera leerla, porque ni vosotros mismos sabéis quienes sois, porque hay tantos otros más que no sabran nunca de esto *señala el momento actual*
Porque la vida es sucia bajo las estrellas*
*Mao Boy (Indochine)
Hasta no hace mucho habría empezado a escribir con la siguiente entradilla y coletilla: Quienes me conocen saben que... pero desgraciadamente quienes me conocen ya no saben nada, y el uso gracioso del "desgraciadamente" se debe simplemente por su bonita sonoridad y por nada más. Ya nadie me conoce, quienes compartían días conmigo ya no lo hacen y las causas del porqué son un alud de malos momentos individuales que no deberían afectar (y no lo han hecho) a la colectividad, pero que según lo veo yo nos han mermado, nos han cortado los talones y poco se puede caminar los unos hacia los otros con "estos" pies simbólicos que tiene la vida hechos un cristo.
Me llevo la peor parte, es mi entrada y por eso prefiero cargármelas yo. Desde siempre, desde mucho antes de todo esto *señala a su alrededor tanto cosas materiales como inmateriales, os señala a vosotros también* he tenido muy clara una cosa, o creía tenerla muy clara según como me daba la luz de la mañana: SOY MUY FUERTE y no es baladí.
He crecido con una madre que nunca ha escondido que todos nosotros somos un error, ella demasiado valiosa para nuestros ojos. He crecido con un padre que jamás ha previsto los imprevistos del mañana. He crecido con unas hermanas a las que siempre he relacionado con insectos, a las que quiero y por las que me he llevado todos los bofetones por sortear. Y, he crecido tanto que preferí tener dos espinazos, y tuvieron que estirparme uno de ellos y dejarme con la alegría de la sombra de una parálisis para el resto de mi vida. He crecido, como arraigada en un huerto sin abono, sencillamente pobre, de patatas arenosas. ¿La crisis? Qué Crisis, si siempre hemos estado igual...
Desde los 15 tengo la certeza que me tendré que hacer cargo de una de mis hermanas para "los restos" porque así son este tipo de enfermedades, para toda la vida; y es que ahora todos vivimos tanto y tan bien que ya veis. Y no lo sabéis, no lo podéis saber, qué es y cuánto significa cada maldito día. Porque nuestra vida (atentos al símil) es como la vida en y dentro de una guerra cualquiera: hay días en los que los cielos son claros, no hay alarmas ni columnas de fuego en los ojos de los demás y entonces el silbido de una bala atraviesa por las ventanas, recorre los pasillos e impacta contra una estantería, contra el marco de las fotos que nunca hemos tenido expuestas (Oh aquella vacaciones) -así es siempre- y todo estalla.
Y aún así, me grapo y he grapado caretas de papel maché de cientos de colores. Os he conocido y os he querido, envidiado y compadecido cuando todo os iba mal, cuando siempre he visto muy claramente como se podían solucionar vuestras desgracias (llamadme lo que queráis en este punto pero siempre ha sido así). Echadme en cara eso si que no os haya detallado mis planes perfectos para cada uno de vosotros. Me he "escapado" literalmente de casa para ir a veros y quedarme una tarde, una noche con vosotros, riendo y haciendo cosas que no debería hacer con 20 sino con 15, pero es que a los 15 yo toqué con los pies en el suelo. A veces, miento, casi siempre digo que vivo mi vida al revés, haciendo cosas que no me pertocan a edades que no corresponden; pero eso eran antes... todo esto se termino en 2007. Por ahora, según como me da la luz de la mañana tengo la dulce certeza que cuando cumpla los treinta empezaré a ser feliz.
El caso es que lo he hecho y he pretendido ser igual a muchos, pero ya sabéis que este tipo de escapartorias y artimañas no resultan jamás, que al volver a casa y a pesar de toda la diversión volvemos a estar tan "lo que sea" como antes. Me hago una idea de vuestras vidas una vez cerráis la puerta y espero que os hayáis hecho una idea de la mía una vez dejaba vuestras casas. La empatía siempre resulta que es una de las virtudes que más gente cultiva y que más pocos cosechan. Hay veces en las que me enroscon bajo las sabanas pensando en las veces en las que pudimos enfadarnos de tal modo que se rompiera todo, en las veces y en lo cerca que hemos estado de ser algo más, en las veces y en lo cerca que hemos estado de emprender algo serio y grande (empresas, quimeras varias, enlaces con otros mundos)... sobretodo en las veces y en lo cerca que hemos llegado a estar los unos de los otros. Y entonces me duermo, generalmente pensando en las veces que pudimos ser amantes. Os quiero tanto.
A mi me falta esa empatía de la que os he hablado, he crecido en el huerto seco y por ende soy una bicha seca y áspera, pero resulta que hay por ahí tipos y tipas con visión de rayos X que me han dicho que mi tallo rezuma savia dulce. Y he tenido el descaro de arrebujarlos bajo mis alas y luego no darles más cobijo. Y, aunque así sea, no me va a ayudar en nada, así que hagamos ver que desconocemos todos este mínimo detalle sobre mí, suficiente tengo.
Esta mañana he dictado entre sueños esta entrada y me he puesto a llorar. Será la gripe; será que la fiebre no baja; será que vivo constantemente con un nudo a medio hacer y deshacer en la garganta; será que me he puesto a mirar bolsas de trabajo en la otra punta de España, que he estado a punto de llamaros a dos para preguntaros si sabéis de alguien que necesite compañera de piso, porque soy pequeñita y estoy dispuesta a dejar mis libros en casa (fijaos a que punto llego). Porque el inicio de año ha sido terrible: por la fiebre, por la enfermedad de mi hermana, por la deslumbrante entrada a lo grande en Plan Molino de mi madre y su anorexia y sus "me quedo en cama a morirme", porque a esta familia no le falta de nada y es que hasta tenemos un abuelo senil que se va de casa sin documentación con la pretensión de matar a sus vecinos... porque la sanidad social y los asistentes sociales son criaturas impías que gozan dando largas (y eso lo digo yo que se de lo que me hablo por mi cualidad de impía, de dar largas y de haber visto centenares de veces la misma mirada). Porque en el fondo lo estáis viendo: la locura cabalga desbocada por nuestras venas y hago todo lo posible para y por mantenerla a raya.
(Y no sabéis cuanto molesta leer sobre otros personajes que han tenido este mismo miedo, que han vivido esta misma vida)
A todo esto, cuando abro la boca temo que solo salga un sollozo a medio camino entre la osa y vaca. Y si logro decir algo que no sea ese bramido seco, sólo hablo del trabajo porque es un mal, con el que puedo, pues no es el peor ni el mayor. Por eso callo, prácticamente todos los días, por eso hago ver que mi vida se ha quedado suspendida entre dos escalones: trabajo y máster. Porque porque hay amigos, conocidos, grandes afinidades, gente con la que reír y salir, pero amigos a los que ir a sus casas para llorar... no y no los debería haber. Y soy consciente que lo pasáis mal, que las mismas penurias y las mismas rachas de mala suerte, pero creo haber visto a lo largo de los años que vosotros al contrario que yo no cargáis con ese par de bultos extra que llevo yo desde los 11-15, desde mucho antes de conocernos y de tener todo esto *señala a su alrededor, a lo material y a lo inmaterial*. Cuando nos conocimos siempre decía: que en la vida hay un punto de inflexión que sólo se da cuando nos subyugamos al poder del ombligo, quedándonos atrapados en él (ergo en nosotros mismos). No es que por entonces me poseyera el espíritu de algún hippie consumado sino que al entrar en la universidad me di cuenta (cayó la venda) que en realidad sois (el resto, yo no) muy, muy egoístas. En mi caso únicamente soy egoísta sin adverbios cuantitativos por delante.
Tengo otro gran defecto: soy bastante mala con los idiomas, tal vez y cumpliendo con la regla establecida en mi vida no lo sea tanto como creo que lo soy. (¿Autoestima?). Sino fuera así... pero lo es y sé que debería lanzarme con el inglés y perfeccionar mis conocimientos de francés e irme. No porque este país sea una porquería, porque nos intervengan en marzo lo más seguro o porque no me vayan a subir el sueldo por tercer año consecutivo o porque esté cansada de no verme reflejada en ninguna superficie pulimentada, sino porque creo que ya no soy yo quien se nutre del suelo seco de este huerto, sino que es él el que se alimenta de mí.
¿Qué pretendo decir con todo esto? Nada, porque pediros tiempo ya no da resultado
Sé que nadie ha pedido una explicación, no almenos esta, pero ahí la dejo para que la lea quien quiera leerla, porque ni vosotros mismos sabéis quienes sois, porque hay tantos otros más que no sabran nunca de esto *señala el momento actual*
Porque la vida es sucia bajo las estrellas*
*Mao Boy (Indochine)
1 de enero de 2011
el Bello Danubio Azul
Año nuevo,vida nueva etc etc... Este año tampoco me comí las uvas, pero porque básicamente ya estaba durmiendo -a causa de los medicamentos- para cuando dimos tan trascendental paso, dejando atrás un año y década. Insisto no haré resumen del añó que ya se ha diluido, sólo diré:
2011: lo tienes muy fácil, el anterior año que ocupó tu lugar era un manta...
El caso es que ahora es momento de encender la tele para ver como una señoras ultraengalanadas dan palmas como vulgares pueblerinas con la Marcha Radetzky... aaaaah el Concierto de Año Nuevo, cuánto glamour, nombres centroeuropeos, que si Strauss padre y Strauss hijo compitiendo por ver quien se lleva más tarareos... siiii... esta es la parte de la Navidad que más me entusiasma. Sin embargo (qué sería de la vida sin las conjunciones adversativas ¿eh?), siempre que pienso en el Danubio Azul viene a mi cabeza la canción de la Trinca:
2011: lo tienes muy fácil, el anterior año que ocupó tu lugar era un manta...
El caso es que ahora es momento de encender la tele para ver como una señoras ultraengalanadas dan palmas como vulgares pueblerinas con la Marcha Radetzky... aaaaah el Concierto de Año Nuevo, cuánto glamour, nombres centroeuropeos, que si Strauss padre y Strauss hijo compitiendo por ver quien se lleva más tarareos... siiii... esta es la parte de la Navidad que más me entusiasma. Sin embargo (qué sería de la vida sin las conjunciones adversativas ¿eh?), siempre que pienso en el Danubio Azul viene a mi cabeza la canción de la Trinca:
Y que no se escape, que esto también va por el gravísimo incidente-crimen en Hungría el pasado año ¬¬
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