11 de marzo de 2013

Cita del lunes XXVI: Espartaco (I)

- Ya que usted es un político- dijo Cicerón sonriendo- ¿por qué no me dice qué es un político?.
- Un farsante- respondió Graco secamente.
- Por lo menos usted es franco.
- Es mi única virtud y es extremadamente valiosa. En un político la gente la confunde con la honestidad. Como usted sabe, vivimos en una república. Y esto quiere decir que hay mucha gente que no tiene nada y un puñado que tiene mucho. Y los que tienen mucho tienen que ser defendidos y protegidos por los que no tienen nada. No solamente eso, sino que los que tienen mucho tienen que cuidar sus propiedades y, en consecuencia, los que nada tienen deben estar dispuestos a morir por las propiedades de gente como usted y como yo (...) Además, la gente como nosotros tiene muchos esclavos. Esos esclavos no nos quiere. No debemos caer en la ilusión de que los esclavos aman a sus amos. No nos aman y, por ende, los esclavos no nos protegerán de los esclavos. De modo que mucha, mucha gente que no posee esclavos debe estar dispuesta a morir para que nosotros tengamos esclavos. Roma mantiene en las armas a un cuarto de millón de hombres. Esos soldados deben estar dispuestos a marchar a tierras extrañas, marchar hasta quedar exhaustos, vivir sumidos en la suciedad y la miseria, revolcarse en la sangre, para que nosotros podamos vivir confortablemente y podamos incrementar nuestras fortunas personales. Los campesinos que murieron luchando contra los esclavos se encontraban en el ejército, en primer lugar, porque habían sido desalojados de sus tierras por los latifundios. Las casas de campo atendidas por esclavos los convirtieron en miserables sin tierras y ellos murieron para mantener intactas estas casas de campo. Por lo que nos vemos tentados a asegurar que todo esto es una reductio ad adsurdum. Porque usted debe considerar lo siguiente, mi querido Cicerón: ¿Qué perderían los valerosos soldados romanos si los esclavos vencen?. En verdad, ellos los necesitarían desesperadamente, ya que no hay suficientes esclavos para trabajar adecuadamente las tierras. Habría tierras de sobra para todos y nuestros legionarios lograrían aquello con que sueñan, su parcela de tierra y una pequeña casita. No obstante, marchan a destruir sus propios sueños. 

Howard Fast. Espartaco.
páginas 379-380 

15 de febrero de 2013

Julia Pastrana regresa a casa

Entre tantas noticias de asteroides y lluvia de meteoritos asomaba ayer una noticia que de refilón me hizo un poquito más feliz. No ha tenido mayor repercusión en general, solo en México y por razones obvias que serán desgranadas inmediatamente y, sin embargo, creo que es indiscutible la resonancia histórica y antropológica que contiene y se expande de la noticia.

Los titulares -por diversos que sean- no dejan lugar a la duda: Los restos mortales de Julia Pastrana regresaban a México, donde iban a recibir sepultura en el municipio de Sinaloa.

Por fin, y tras diez largos años de trabajos comandados por la artista y activista Laura Anderson, iban a regresar a México los restos momificados de Julia y de su hijo procedentes del Hospital General de Oslo, donde descansaban dentro de una vitrina de cristal en los almacenes del propio hospital, fuera del alcance de la vista de cualquier curioso. Esta era una cuestión de dignidad, no creo que exista ninguna duda al respecto.

Pero bien, ¿quién fue Julia Pastrana?.

Nacida en el municipio de Ocoroni, actualmente perteneciente al municipio de Sinaloa, en 1834, aunque antropólogos como Ricardo Mimiaga apuntan que la fecha podría no ser del todo cierta, debido a que sólo se sabe de la partida de bautismo de la niña. Se conoce que sus orígenes eran muy humildes y que tras la muerte de la madre quedó al cargo del gobernador de la zona para quienes trabajó como sirvienta hasta que, hacia 1854, su vida dio un giro radical. Unos dicen que fue vendida por el gobernador, y otros, que fue contratada por los cauces corrientes por Francisco Sepúlveda quien pretendía hacer negocio con ella.

Poco después, en 1855, el estadounidense Theodore Lent se convirtió en su primer manager en el mundo del circo. Lent se casó con ella inmediatamente a fin de poder gestionar el patrimonio que ganase con sus actuaciones, sin tener que ir a comisión. Y así, fue como Pastrana y Lent emprendieron su vida y negocios en común.


Un año antes, en 1854, el doctor Alexander B. Mott se interesó por la naturaleza de Julia, quien era anunciada en sus actuaciones como el fruto de los amores pecaminosos entre un hombre y un orangután o como Animal misterioso incluso. El examen del doctor fue claro en cuanto a la naturaleza de Julia:se trataba sin lugar a dudas de un híbrido de humano y simio. Tres años después, el doctor y zoólogo Francis Buckland describió a Julia como una "simple mujer india mexicana deforme", analizó también el carácter y personalidad de la muchacha y determinó que se trataba de una persona que distinguía el bien del mal, que mostraba fuertes rasgos de caridad y bondad, generosa y divertida. Dejó escrito que si bien sus rasgos no eran los más agraciados poseía una bonita voz y cantaba bien.

De hecho, Julia Pastrana no era como el resto de mujeres barbudas de los circos de fenómenos norteamericanos, no, Julia estaba mucho más emparentada con las clásicas mujeres barbudas de las cortes europeas, como lo fueron la niña gato Lavinia Fontana o la famosa Bárbara Urselin. Julia cantaba, bailaba, a pesar de su poca cultura en poco tiempo aprendió hablar varios idiomas con soltura, actitudes que fueron ampliamente explotadas por Lent. 

Debemos comprender que en aquellos días, la efervescencia colonial, la exploración de las selvas de Madagascar o Sumatra entre otras, y las leyendas sobre grandes simios que raptaban niños y mujeres para aparearse de las que se hacían eco los medios gráficos de la época, pero, muy en concreto, la sacudida de las teorías de Darwin sobre el origen de las especies, hacían literalmente hervir el imaginario popular y colectivo, hervía con fantasías sucias y abigarradas sobre mujeres simio vestidas de encaje, niños lobos, seres de miembros imposibles, deformidades peludas y muy especialmente sobre cualquier tipo de híbrido vivo o muerto. Hablo de fantasías y no lo hago exagerando: existe un cierto placer cortesano de querer el contacto con un cuerpo deforme, por tocar lo imposible, no se trata solo de curiosidad sino de audacia y de saberse superior, distinto a ello, ¿y qué es ello? el resto, la prueba de lo animal en nosotros. Y en medio de esta jungla de juguetes sobre escenarios a poca luz, destaca Julia Pastrana.

Afectada desde su nacimiento por hipertricosis generalizada y hiperplasia gengival, medía apróximadamente 1'37-38 centímetros.

A lo largo de los siguientes años el matrimonio formado por Theodore Lent y Julia Pastrana giraron por medio mundo, especialmente por Europa, visitaron entre otros países como Rusia, Francia, Inglaterra, Austria y Alemania, Polonia y los países escandinavos. A inicios de 1860 Julia quedó embarazada, dando a luz a finales de ese mismo año en Moscú, fue un parto muy complicado debido a la complexión de Julia, su hijo heredó como era de esperar la hipertricosis de su madre debido a que es una enfermedad genética, a pesar de su tamaño y peso el niño murió a las 36 horas de nacer. Julia lo hizo cinco días después debido a una peritonitis post parto y contando con tan sólo 26 años de edad.

Y hasta aquí podríamos tener una de otras tantas historias sobre mujeres barbudas, supuestos fenómenos de la naturaleza exhibidos. Sin embargo, aquí, después de la muerte de Julia y de su hijo empieza el episodio que denigra la memoria de ambos.

Theodore Lente mandó  al profesor Sukolov (de la Universidad de Rusia) embalsamar los cuerpos de madre e hijo, engalanó el cuerpecito de Julia con uno de sus vestidos preferidos y creó para ellos un cuadro, un retablo decorado con madera y pan de oro. Obviamente, no lo hizo del todo movido por el sentimiento de pérdida, sino que se movió por el afán de lucro. Tras disputarse con la Universidad la propiedad legal de los cuerpos, Lent recuperó a "su familia" para cumplir con la pretensión de exhibir más allá de la muerte a la que fue su fuente de ingresos en vida.  Y así fue hasta que aconteció la muerte de Lent en 1884

Diez años después (1870 aprox) Lent se casó con otra mujer barbuda/peluda, esta vez era Marie Bartel, una rubita muchacha alemana. A partir de entonces Marie pasa a ser conocida como Zenora Pastrana, una supuesta hermana perdida de Julia. El espectáculo que representa Lent es el siguiente: exhibe las momias de Julia y su hijo en su vitrina de cristal al fondo del escenario y por delante se pasea Zenora (Marie).

Cuenta Pilar Pedraza en su libro Venus Barbuda y el eslabón perdido que Zenora/Marie no aguanta mucho y los cuerpos de Julia y su hijo son finalmente enviados a una feria en Viena. El matrimonio Lent se instala de nuevo en Rusia y viven bajo la protección de los zares, vivieron cómodamente junto al hijo que tuvieron, un niño que no heredó la enfermedad de su madre. Hacia 1883-4 Lent empieza a decaer física y psicológicamente y Marie decide encerrarlo en un manicomio, donde morirá en 1884. Con la muerte de Lent las momias pasaban a ser propiedad de Marie Lent, quien en cierto modo se dedicó a limpiar el engaño que había tejido Theodore. Se exhibieron en dos ocasiones juntas para demostrar que Zenora y Julia eran radicalmente distintas, que no eran hermanas. La viuda de Lent entregó las momias a J.B Gassner quien las fue haciendo girar por diversas ferias, circos, túneles de terror y gabinetes de las maravillas (muy populares en la época). En 1921 las momias fueron compradas por el empresario noruego Haakon Lund, dueño del mayor parque de atracciones del país, quien las mostró durante años hasta que las críticas hicieron que las retirara. 

Con la invasión del ejército nazi en la Segunda Guerra Mundial las momias fueron confiscadas y llevadas al Hospital General de Oslo donde, como ya hemos dicho al principio, han permanecido ocultas hasta hace 10 años. 

La siguiente protagonista es Laura Anderson, quien descubrió la historia de Julia Pastrana al ser contratada en Nueva York como diseñadora del vestuario en una obra de teatro basada en la vida de la propia Julia. Aunque con anterioridad ya se había contactado con el Instituo de Ciencias Médicas Básicas de la Universidad de Oslo tanto desde la Cancillería Sinaloa como en forma de peticiones oficiales de la Embajada mejicana en Oslo.  

Durante los siguientes diez años se fueron sucediendo los trámitses y peticiones de la embajada mejicana, así como los actos reivindicativos organizados por Laura Anderson. Finalmente, dieron su fruto el pasado 7 de febrero la Universidad de Oslo entregó los restos de Julia Pastrana y estos fueron repatriados hasta México. Se ofició un acto solmnes con parlamentos entre otros de la vicerectora de la Universidad de Oslo donde pedía disculpas por los sesenta años en los que los cuerpos de Julia y de su hijo habían sido exhibidos. Una vez enterrados, descanse en paz, y fin de este capítulo. Pero ¿cuántos casos más como Julia Pastrana hubo? Me refiero a todas aquellas personas que fueron embalsamadas y exhibidas, expuestas en museos y galerias... y cuánto tiempo tendrá que pasar para que se les restituya el honor del que fueron despojados en vida y en muerte.

En Cataluña tenemos en nuestro triste haber uno de estos innumerables casos, el conocido "Negre de Banyoles" miembro de la tribu san, también conocidos como bosquimanos, aunque el origen de la "pieza" era francés, en 1916 fue adquirido por el Museo Dader de Banyoles. No fue hasta marzo de 1997, justo cuando se iniciaban los primeros pasos para repatriar a Julia, que por petición expresa de colectivos africanos afincados en la zona el ayuntamiento estimó que el cuerpo del bosquimano, del que desconocemos el nombre para mayor vergüenza, fuera retirado de las salas del Museo. No sería hasta 2007, y tras haber suscitado el interés del por entonces Secretarío General de las Naciones Unidas Kofi Annan, cuando por fin sus restos fueron devueltos al gobierno de Botswana. Allí fue enterrado con honores dentro del parque natural de Tsolofelo ante las autoridades locales, lideres tribales san y las delegaciones de la Unión Africana y de España.  

Entre asteroides y lluvias de meteoritos, para mí, hoy es mucho más importante esta otra noticia que a duras penas ha sacado la cabeza más allá de los dos países implicados.

4 de febrero de 2013

Cita del lunes XXV: el sueño de Bergson

Henri Bergson 
(1859-1941)
¿Me preguntan ustedes qué es lo que hago cuando sueño? Yo les diré qué es lo que ustedes hacen cuando están despiertos. Ustedes toman el yo, el yo de los sueños (el yo es la totalidad de su pasado), y lo fuerzan haciéndolo cada vez más pequeño, a que encaje en el reducido círculo que se han trazado alrededor de su acción presente. 

Eso es estar despierto.

Eso es vivir la existencia psíquica normal. Es luchar. Es desear.

En cuanto a los sueños, ¿necesitan realmente que lo explique?. Es el estado en el que caen ustedes naturalmente cuando se abandonan, cuando ya no tienen poder para concentrarse en un punto, cuando han dejado de querer.
H. Bergson. Dreams.
 
 
 
Hoy he soñado, y la totalidad de mi pasado me ha dicho: Sal de aquí.

14 de enero de 2013

Cita del lunes XXIV: poetas y cantores ambulantes

Escribe Robert Graves: 
Desde que tenía quince años la poesía ha sido mi pasión dominante y nunca he emprendido intencionalmente tarea alguna ni establecido ninguna relación que pareciera incompatible con los principios poéticos, lo que me ha valido a veces la reputación de excéntrico. La prosa ha sido para mí la forma de ganarme la vida,  pero la he utilizado como un medio para aguzar mi apreciación de que la poesía es algo completamente diferente, y los temas que elijo están siempre vinculados en mi mente con importantes problemas poéticos. A los sesenta y cinco años de edad me sigue divirtiendo la paradoja de la obstinada persistencia de la poesía en la actual fase de la civilización. Aunque se la reconoce como una profesión culta, es la única para cuyo estudio no existen academias y en la que no hay un patrón, por tosco que sea, con el que se pueda medir la pericia técnica. "Los poetas nacen, no se hacen". La deducción que se espera que uno saque de esto es que la naturaleza de la poesía es demasiado misteriosa para que soporte el examen; es, ciertamente, un misterio todavía mayor que el de la realeza, pues los reyes pueden ser hechos o pueden nacer como tales y las declaraciones que se citan de un rey difunto ejercen poca influencia en el púlpito o en la opinión pública.
La paradoja  puede ser explicada por el gran prestigio oficial que todavía va unido de algún modo al nombre de poeta, como sucede con el nombre de rey, y por la sensación de que la poesía, puesto que desafía al análisis científico, tiene que estar arraigada en alguna clase de magia, y de que la magia es deshonrosa. Es cierto que la ciencia poética europea se basa esencialmente en principios mágicos, los rudimentos de los cuales constituyeron un restringido secreto religioso durante siglos, pero que finalmente fueron desechados, desacreditados y  olvidados. Ahora sólo por rara casualidad de regresión espiritual los poetas hacen sus versos mágicamente potentes en el sentido antiguo. De otro modo, la manera contemporánea de escribir un poema recuerda los experimentos fantásticos y predestinados al fracaso de los alquimistas medievales para convertir un metal vil en oro, con la diferencia de que el alquimista al menos reconocía el oro puro cuando lo veía y lo manejaba. La verdad es que sólo el mineral de oro puede ser convertido en oro; y sólo la poesía en poemas.

 Robert Graves, La Diosa Blanca, Capítulo: Poetas y Cantores Ambulantes (1948).

Quien escriba poesía deberían leer siempre estos dos párrafos, empaparse de ellos y forjar una coraza con cada palabra y sílaba, porque siempre habrá quien, creyendo haber estudiado la ciencia exacta de los versos, la métrica y las metáforas de los colores, apuntará hacia tu trabajo y el mío también y escupirá un: Esto no es poesía.

Yo lo llamaba oleada negra, pero jamás me aventuré a llamarla magia y sin embargo magia es. 

Qué decir que estoy literalmente harta de quienes creen saber que es poesía, de quienes tienen la desfachatez de recontarte los versos y de cuestionar las figuras, las metáforas, las mismas imágenes que yacen escritas.

 

2 de enero de 2013

Kintsugi y nuestras cicatrices de oro y plata

Me habría gustado escribir esta entrada el mismo día de Noche Vieja y decir: Hoy termina el año. Pero, obviamente, no ha podido ser. 

No ha sido hoy, tampoco ayer, sino antes de ayer. La tarde de NocheVieja se me rompió una figura de porcelana negra a la que le tenía una estima fuera de lo común, practicamente ridícula y porqué sí. La compré en un mercadillo de segunda mano y claramente era una figurilla un tanto kistch, pero única y en perfecto estado.

Me pasé gran parte de la tarde recogiendo pedacitos minúsculos de porcelana, despacito, despacito para no romperlos más, para que los gatos no se los comieran y, con sumo cuidado, para que no se me rompieran más en las manos o se me perdieran para siempre o clavándoseme entre las uñas. Una vez recogido, me dispuse a numerar los pedazos más grandes y a partir de ahí numerar en subgrupos los pedazos que iban conformando los restos de aquella figurita de porcelana negra, kistch y a la que tanta estima le tenía y le tengo.

He pensado que el pequeño incidente era un resumen de lo que había sido el 2012. Después, pensándomelo un poco más me dije "mejor no piques tan alto", y concluí que sería mucho más leal pensar que la figura estrellándose contra el suelo de mi habitación era el resumen de MI año, de mi propia actitud a lo largo de este año. Soy esa porcelana negra agrietada, descascarillada y esparcida en forma de polvo blanco, colándome por las juntas de las baldosas del suelo, todo muy digno. Fin de la ironía. Todo eso y cuanto queráis, pero sin dramatismos.

Lo que se rompe puede recomponerse. Según el qué.


Con los dedos quemados por el pegamento he recordado una de las historias que se cuenta sobre el Shogun Ashikaga Yoshimasa. 

Un triste día se le rompió su cuenco de té favorito y decidió hacer lo que estuviera en sus manos por reparar aquel preciado objeto, finalmente lo mandó de vuelta a China, donde se había fabricado, guardando la esperanza de que los artesanos pudiesen salvar y reparar el cuenco de té. Cuando le fue devuelto quedó muy decepcionado por el tosco trabajo que hicieron los artesanos. Habían unidos las piezas con láminas de metal y éstas no casaban del todo, vio con horror como el té se filtraba por las grietas que no habían sido fijadas con éxito.

Decidió entonces pedirle a sus artesanos que reparasen el cuenco de té. En este caso, los artesanos decidieron fijar las piezas con barniz y partículas de oro. Según esta versión de la leyenda, así nació el Kintsugi.

Cuando en la solución del barniz se utiliza plata hablamos de Gintsugi, si por el contrario se utiliza urushi (laca urushi) para fijar piezas rotas entonces deberemos hablar de Urushitsugi.

Obviamente la historia puede ser o no ser cierta, podemos dejarla como una anécota de la Historia o como la leyenda que da sentido al origen de arte y a la filosofía del mismo. Pensadlo. Una pieza rota o mellada es una pieza cuyo precio se devalua, es una pieza que habiendo sido enmendada es fragil o lo parece, porque un plato roto siempre se rompe una segunda vez.

Sin embargo, 

Aquello que primero salta a la vista y que convierte al Kintsugi en mucho más que una bella técnica de reparación, es la equiparación del valor sentimental y el valor material previo del objeto. El menaje reparado con la técnica de Kintsugi incrementa, duplicando y triplicando su valor material/ económico, objetos tan cotidianos como pueden serlo el cuenco, el plato o la taza con los que diariamente nos bastan para comer y beber se convierten en obras de arte, en joyas y en piezas buscadísimas en las casas de subastas.

Pero, en el fondo siguen siendo aquellos objetos originarios, platos, tazas y cuencos que carecían de valor material (insistimos), fundamentales para el sustento vital y la comodidad del día a día, tal vez el único obeto que un hombre puede poseer en vida en muchos, demasiados casos. Objectos Sustanciales e Indispensables, por más que podamos comer y beber valiéndonos de las manos, nuestros dedos como tenedores y nuestras manos como cuencos de donde beber.

La metáfora no se le escapa a nadie. Los objetos trasmutan, sellando las grietas que los afean con puro oro, resaltando con ello las heridas y las fracturas en la cerámica y en el barro, convirtiéndolas en la insignia del más alto valor que el objeto mundano puede alcanzar. Porque: Cuanto está roto puede ser todavía aún más bello.

Intento que al escribir esta entrada, estas palabras, éstas no se pierdam y acaben atoradas en un discurso que gire una vez y otro vez más sobre el ese leimotif del que abusan o abusaban los emos (desconozco la actualidad de la escena emo, ya no sé ni cuales son sus visicitudes diarias). Un trazo o rayote mal dado con un lápiz de carmín simulando un arañazo no es un arañazo real. Creo que hasta aquí todos llegamos.

Esta sociedad vive todavía en una especie de rebufo del románticismo que asusta de verdad, porque todo es emulación, todo es farsa de la farsa de la sátira de lo que una vez fue cierto. Miles de niños y niñas fingiendo delante de sus cámaras, escribiendo entradas en sus blogs, volcando sus heridas superficiales, sus heridas maquilladas, exclamándo: Mirarlas, son grietas de verdad, me las abro un poco más.

Quien realmente se ha roto, se fija los extremos con oro o con plata y vuelve a su cajón como el plato, a su estante como la taza. Vuelve, vuelve a su día a día, porque no hay otra aspiración más allá de la de ser plato y taza.

Ya lo he dicho. Deberíamos aprender a cómo rellenar nuestras grietas con oro y plata, sentirnos orgullosos de lucirlas cuando la ocasión se presta; deberíamos aprender a sentir también cuan ricos somos ahora que estando rotos hemos fijado esos pedazos de nosotros que una vez se esparcieron por el suelo, desintegrándose. Allá donde las piezas se hicieron añicos el relleno será mucho más grueso, más rico y por tanto mucho más importante, y habrá que valorar el espacio que hubo como el relleno que hay. 

También lo he dicho antes, pero reitero que sucede -como sucedió con el el auge de la técnica-, que hay quien rompe su vajilla a proposito para poder repararla y mostrarla orgulloso/a. Siendo un poco más mundanos, menos metafóricos, decir: incluso ahora existen packs de manualidades en tiendas norteamericanas de arte para emular en casa la técnica japonesa, pero esta vez con un pegamento apurpurinado. No es nada difícil encontrarlos.

De nuevo esa insistente necesidad de emular, de fracturar las superficies lisas, pero sólo por encima y muy poco, no sea que realmente golpeemos tan fuerte que rompamos algo de verdad, algo que no sepamos luego fijar por más pegamento o barniz tengamos en casa. 

Mi figura no será ya nunca más la misma. Me faltan piezas, los huecos los tendré que he recomponer utilizando cerámica de manualidades (de la que venden en las casas de arte), pintarla del mismo color y esperar que con un poco de suerte... valga la pena.

Siempre vale la pena.

24 de diciembre de 2012

Sol Invictus: Saturnalia, Mitra y Jesus

Como suele pasar en todas, prácticamente todas, las tradiciones cristianas, estas solamente son el estuco decorativo que debajo contiene paredes mucho más antiguas, murales mucho más originales y retratos más fidedignos.

Hoy es Nochebuena y mañana Navidad. A penas hace tres días celebrábamos el solsticio de invierno y aunque el fin del mundo se hace presente mediante el atípico calor que hace. Hemos de esperar (pacientemente) que la niebla que cubre Barcelona se torne helada y se condense en nubes prietas; para que realmente el reino del sol decaiga.

La festividad de la Natalis Solis Invicti era el clímax de las celebraciones que comprendían un periodo aproximado de una semana dedicado al dios Saturno, eran y han sido conocidas siempre bajo el nombre de la(s) Saturnalia.

Las Saturnalia comenzaban poco después de la segunda quincena de diciembre, hacia el 16-17, como solía pasar en todas las festividades romanas, se daba pie con un gran sacrificio en el templo de Saturno, a los pies de la colina del Capitolina. Tras el sacrificio, la multitud congregaba exclamaba Io, Saturnalia y oficialmente se ponía punto y final a los trabajos agrarios de siembra, y por el contrario, comenzaba un periodo de descanso oficial en todas las zonas de la República y posteriormente del Imperio que desembocaba en el solsticio de invierno. Las Saturnalia llegaron a ser conocidas como las festividades de los esclavos, puesto que se los liberaba de grandísima parte de sus quehaceres (sobretodo, de ese trabajo agrario que se daba por finalizado), se les aumentaban las raciones de comida e incluso llegaban a compartir mesa y juegos con sus amos en los banquetes celebrados días y noches. Durante los siguientes siete días, como ya he avanzado, se celebraban banquetes en honor al dios y las familias se entregaban obsequios, especialmente a los niños se les obsequiaba con juguetes y amuletos, además eran común el expresar todas las buenas voluntades/ deseos para el siguiente curso de estaciones que estaban por venir.

En todos los ritos y ceremonias el fuego cobraba una gran importancia, las cabeceras de antorchas presidían cualquier reunión y peregrinación, el fuego siempre era avivado en extremo; algunos estudiosos de las religiones relacionan las procesiones o serpientes de fuego presentes todavía a día de hoy en gran cantidad de zonas rurales de Europa con el recuerdo de aquellas otras prácticas religiosas del mundo romano. Las serpientes de fuego semejaban el curso del astro rey hasta el solsticio de invierno, encaminándose lentamente hacia la muerte. Del mismo modo, las procesiones de fuego iban a morir en las grutas de las montañas, tal y como hacía el sol. Pero, una vez llegado el solsticio de verano las mismas serpientes de fuego recorrían el camino inverso para convocar al sol en las cimas de las montañas.

No obstante, esto último se produce ya muy avanzada la edad media y tras un proceso de total mestizaje con otras tradiciones, especialmente celtas.

Volvamos al mundo romano. Al final de la Saturnalia, curiosamente el 25 de diciembre, se celebraba por todo lo grande el Nacimiento del Sol —Natalis Solis Invicti—. Con el tiempo, se ha relacionado el nacimiento del sol con la fortaleza del culto de Mitra en el Imperio, como si ambas no pudieran existir por separado o la una fuera el preludio de la otra y ésta su única causa. No es cierto. Las Saturnalia son festividades dedicadas a la segunda deidad de la trinidad de dioses romana: Jupiter, Saturno y Quirino, estos son los tres dioses más importantes y venerados en el meollo de la religión romana. Saturno, obviamente no es una deidad solar, su reino no es el celeste sino el subterráneo (muertos y semillas), y la celebración del nacimiento del Sol, aunque relacionada, estaba en cierto modo desprovista de una deidad propia, por más que Febo/Apolo fuera el dios que tiraba del carro solar. No existió una personificación directa con una deidad hasta la introducción del dios pérsico Mitra/Mithra en el Imperio hacia el 62 a.C. con el retorno de las tropas de Pompeyo de Siria. (No confundir con el Mitra indio).
solinvictus

El Mitrianismo fue una religión de carácter mistérico, escindida o derivaba del mazdeísmo según se la entienda como una herejía de la misma o como una corriente incorporaba en su extenso cuerpo doctrinal. Se conoce más bien poco debido a la escasa documentación contemporánea que se escribió, pero se sabe que su difusión por el Imperio se produjo a través de las tropas rasas y de las élites de los cuerpos militares, tanto es así que, por ejemplo, que llegó a ser conocida como la religión de los militares, en exclusiva.




La fusión entre celebraciones y dios se debe, según algunos estudiosos como David Ulansey a que Mitra siempre es representado a lomos de un toro blanco derribado al que asesta una puñalada en el lomo y de cuya herida surge el mundo. El toro/taurus es obviamente una figura solar en todos los pueblos indoeuropeos, así pues, Mitra asesta el golpe final al animal-sol, pero de su herida brotan los frutos del mundo. El Sol puede morir; sin embargo, renace, sana de su herida y vuelve a prodigar frutos. Es una celebración de vida dentro de una cosmología cíclica, donde el sacrificio del toro es sin duda una figura de salvación. Como curiosidad extra decir que el relato de dicho sacrificio especifica que se la columna vertebral del toro surgieron los cereales y que su sangre se tornó en vino... ¿os suena de algo?. De hecho, si realizáramos una comparativa simbólica entre cristianismo y mitrianismo no encontraríamos demasiadas diferencias, prácticamente ninguna.

Antes de seguir avanzando, comentar que en los rituales romanos el sacrificio de un toro o buey blanco era la mayor hecatombe que el pueblo romano podía ofrecer a sus dioses, siendo por norma general que solo le fueran ofrecidos, consagrados y sacrificados en honor al dios Júpiter.

Volviendo al Sol Invictus y en lo que ha quedado de él.

No fue complicado para los primeros cristianos surgidos, debemos recordarlo, en un contexto romanizado relacionar a Jesus con "Sol Invictus!, pronto fue conocido como el "Sol de Justicia" (Malaquías) o citándose directamente a San Juan como "La luz del mundo". Desbancando así cualquiera de las anteriores identificaciones: Horus, Mitra, Apolo, Gabla, los propios dioses-emperadores del Alto Imperio romano, Jesus fue considerado el Sol Invictus por la cada vez más mayoritaria base de creyentes y conversos. De forma paralela discurría el debate entre los teólogos cristianos sobre la fecha concreta del nacimiento de Jesus, por aquel entonces se barajaban fechas cercanas a la primavera (abril-mayo) debido a una lectura realista del propio relato de la natividad (censos de población, pernoctaciones a cielo descubierto, festividades ect). Pero no fue hasta la llegada del pontificado del Papa Fabián (s.III- vigésimo pontífice), que se decidió dar el punto y final a la polémica sobre la ubicación de la festividad de la Natalidad en el calendario propio de los cristianos perseguidos. Finalmente, fijándose esta el día 25 de Diciembre y calificándose de sacrilegio a quienes intentaran especular con cualquier otra fecha. Pero como sabéis, el debate no estaba tan cerrado como el Papa Fabián y sus coetáneos creyeron haberlo dejado, porque con el cisma de Oriente, la Iglesia Armenia (y por extensión, rusa) oficializó que la Natividad había tenido lugar el 6 de enero, mientras que la Iglesia más antigua, la Copta (Egipto) siempre la ha celebrado el día 8 de enero.

Ni medio siglo después de la decisión del Papa Fabián, el Emperador Constantino adoptó la religión cristiana en la firma del Edicto de Milán (313 d.C) y con él el Imperio fue paulatinamente cristianizándose, no siendo, sin embargo, hasta el 336 que la Navidad queda establecida en el calendario juliano.


Ave, Sol Invictus
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