13 de mayo de 2008

memo

Suelo guardar con empeño mis libretas.
Pensando que mi madre en su saturnal empeño pro ordenarlo todo hasta lo que no debiera tener orden no las descubrirá jamás; y que por ello sus comentarios sobre mi más posible carrera como narradora (sea en la radio, como investigadora dentro o fuera del ámbito universitario) nada tienen que ver con mi más que supuesta capacidad narrativa.
Suele dejarse de lado
En mi familia prefieren centrarse en mi recién re-fundada habilidad para coser y de la que todos han acabado aprovechándose. No puedo creerme que tenga una lista de encargos entre los que se cuentan pantalones para mi padre, bolsos para mi abuela y vestidos para mis hermanas...

Suelen dejar de lado, olvidándolo y sin más, que puedo escribir y escribo con eventuales idas y vueltas, incrementando el ritmo o aparcándolo casi para siempre. Tengo ideas. Quién no las tiene, pero se me escapan como arenilla sobre la piel reseca, sólo me queda un rastro demasiado fino que escuece al cabo de los días. Solía quedarme en blanco, nuclearizada, esperando los autobuses, en mitad de los aparcamientos estrellados y en la repisa del ascensor, pensando y componiendo. Solía pulular por un mundo (uno de los que se pueden poblar) hiper realista, colmado de malos meses y moscas, poblado de visitas médicas y teléfonos colgados. Diríase que en la rutina del dramatismo de una película intimista y mundana. Solía tan solo... hablar enfundada en un traje de puntos suspensivos.

Pero ahora el manojo de mis dedos se a atrofiado y ya no escribo, tecleo o garabateo, ya no.
He dejado de mirar si mis libretas siguen estando en su meticuloso orden categórico dentro del carpesano que al tocarlo siempre se desmonta. He dejado de preguntarme si mi madre recuerda que soy capaz de escribir, cuan buenos eran mis trabajos para la universidad, cómo me miró como si fuera un cangrejo gigante cuando leyó mi trabajo sobre la envidia en el purgatorio de Dante... Ya no coincidimos en la cena, ya no puedo explicarle que sucede cuando descubres que ese libro y no otro significa lo que siempre has querido dejar explicado.

Una vez en mitad de un pasillo cremoso (detesto ese color y todos los edificios que frecuento son de ese color) le supliqué por teléfono a alguien que si algo me pasaba en los siguientes días le contara a quién yo bien me quería entonces que todo, absolutamente todo, lo que estaba dejando escrito -torpemente como muñones de pan- era para ella, que el resto le estaban muy por detrás, a penas ligeras referencias. Y en mitad de ese pasillo empecé a drenarme.

Ya no hay colibrí de sangre de sol
Ya no hay inercia
Ni Aral predomina
Ni navajazos con forma de moscas
Ni la amenazadora botella rota en mi nuca abierta
Ya no hay deseos de dormir

Guardo mis libretas
esperando a que las lean.

Clara

Trato de impugnar esta sequía, por bastarda y sumamente mentirosa...

1 comentario:

Un blog para la clase de fotografía dijo...

Te favoriteo, cosa bonita, porque me niego a caer en blogspot que no entiendo ni me entiende. (Aunque tengo cuenta, que conste)

Leo estas cosas, sabes que siempre me gusta hacerlo, y me entran ganas de hablar contigo, mucho. He de molestarte un día con una de mis inoportunas llamadas ne :**

Take lots of care?

Koto

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